13 de marzo de 2020

4 problemas feministas del poliamor

Ayer me invitaron a grabar un podcast genial, que espero compartir pronto con todes. Mientras sale, y como dialogando no siempre se transmite el mensaje tan claramente que por escrito, he pensado en dejar por aquí las ideas que preparé para ese encuentro.

Os reto a que hagáis esta entrada tan viral como esa nota tan bonita sobre anarquía relacional, para que no sea yo la única loca gritando a los cuatro vientos los problemas del poliamor en la práctica. Así, igual me convencéis de dejar de creer que la comunidad solo quiere comprar la versión fantástica y preciosa de esta historia.

Allá va, algunas razones por las que el poliamor es complicado de llevar a cabo si le ponemos la lente del género al asunto:

Nos enamoramos
El poliamor se ha subido muy rápido a un montón de teorías diferentes de las relaciones interpersonales (Comunicación No Violenta, Honestidad Radical). Una de ellas es la crítica feminista a los mitos del amor romántico. Sin embargo, como explica mucho más ampliamente la Vasallo en este artículo -y, mal que nos pese, como nos apuntaba el ya extinto movimiento ágamo-, hemos convertido el pack de mitos románticos en chivo expiatorio de un problema mayor. Mari Luz Esteban lo cuenta muy bien en Crítica al Pensamiento Amoroso. La dificultad con el amor (sin apellidos) no está en creer en una serie de ideas concretas y confinadas a esas listas que se pueden fácilmente difundir en redes sociales o talleres. El amor generiza y sexúa diferencialmente a hombres y mujeres en una sociedad y contexto histórico para los cuales nuestras expectativas y tareas dentro de las relaciones amorosas son desiguales. El guión de sentir y hacer la experiencia "amor" es diferente para las mujeres; a quienes se nos educa en el cuidado, atención y satisfacción de necesidades dentro de las relaciones afectivas.
Bajo este paradigma, amar nos sitúa irremediablemente en servidumbre. Enamorarnos, al contar con un discurso cultural adicional de sacrificio y dolor, aún más. Sin embargo, muchas personas poliamorosas todavía buscan activamente relaciones en las que el amor enamorado sea la cúspide de su red afectiva. Y se hace bien poco en las comunidades por entender qué ideas del amor promovemos o prevalecen.

Silvia Federici
El amor es limitado
Ojalá una moneda por cada vez que he leído o escuchado algo parecido a «el amor es infinito, pero el tiempo es limitado». Una idea que yo misma he pecado de reproducir dentro de las comunidades poliafectivas y se encuentra en la mayoría de textos originales (Ética Promiscua, Más Allá de la Pareja, Opening Up). Esto, simplemente, no es verdad. Hay muchas otras cosas que limitan el amor además del tiempo, como las capacidades, los intereses, o los deseos. Los deseos, construidos y modelados por mandatos hegemónicos de lo que es atractivo o no, rigen en su mayoría hacia dónde orientamos nuestros afectos y la atención o cuidados que derivamos de ellos. Estas construcciones del deseo obedecen, por supuesto, a imposiciones sobre apariencia y comportamiento que obligan diferencialmente a la mujer. Las atenciones o cuidados que derivan del amor también quedan limitadas, de nuevo, por prejuicios sobre a quién le corresponde ejercer de cuidadora en la relación.
La propuesta poliamorosa que plantea suficiente amor para acabar con la competición se desmorona ante la evidencia de un sistema aliado entre racismo, capitalismo, capacitismo y patriarcado.

Nuestras emociones están situadas en un contexto
Uno de los grandes éxitos del capital es habernos vendido que toda la responsabilidad de lo que sentimos nos pertenece. Así, cualquier culpa por estar inmersas en situaciones opresivas o violentas automáticamente se revierte. La manipulación máxima. Pero no. Ya lo he explicado con ejemplos. Insisto. Las teorías poliamorosas nacieron en el boom de la auto-ayuda, desde lugares de privilegio muy concretos espacial y temporalmente (la bonanza estadounidense de los años 80). Escribían mujeres blancas de mediana edad, asentadas en vidas relativamente cómodas tras haber explorado una juventud hippie en los años 60. Estas teorías no han hecho sino presionar más aun para que las mujeres nos amoldemos al guión socialmente aceptado de sentires válidos. Desde el psicoanálisis (o antes, desde la quema de brujas en la hoguera), las mujeres hemos sido histéricas cuya emoción debía ser dominada. Poner el foco, como hace el poliamor, en la responsabilidad individual, no hace más que descontextualizar que vivimos en un sistema donde la razón, la lógica y la compostura se premian por ser características asociadas con lo masculino, y la expresividad se castiga por lo contrario. El discurso poliamoroso invisibiliza las razones legítimas por las cuales podemos sentir tristeza, ira o miedo. Y convierte la forma en que comunicamos las emociones el problema central, evitando cómodamente reflexionar sobre por qué las sentimos.

Ideas como «hay que aprender a quererse antes de querer o que te quieran» ignoran la inmensa carga de opresiones estructurales sobre nuestra imagen y autoestima que nos imponen a las mujeres. Es, además, capacitista para aquellas personas neurodiversas con condiciones como la depresión que afecta su visión de sí mismas. No somos menos dignas de pertenencia a redes afectivas porque nos hayan intoxicado con creencias de inferioridad para dominarnos.

No es más sano
Aunque nuestro discurso repite hasta el hartazgo que no nos debemos creer más evolucionadxs, muchas personas sienten que el poliamor es más saludable. Se crea un efecto halo sobre quienes participamos activamente en las comunidades. Se nos otorgan automáticamente virtudes asociadas a los principios y valores con los que definimos esta orientación relacional. Es normal, cuando hablamos sin cesar de poliamor en términos de honestidad, ética, consenso y responsabilidad, creer que lo demás es menos moral. El problema con esto es que esconde comportamientos dañinos. Esperar que todas las personas poliamorosas seamos así de buenas nos hace pasar por alto los actos que no encajan con la expectativa de Personas Poliamorosas Perfectas, ya que crea una disonancia cognitiva. Sin embargo, en el poliamor hay ya varios ejemplos ampliamente documentados de abuso basado en género. De hombres posicionados en lugares de liderazgo y reconocimiento comunitario que agreden a mujeres emocional, física y sexualmente. Hombres que aprovechan este prestigio y reconocimiento para ocultar su maltrato o atraer nuevas víctimas.




Algunos de estos problemas están presentes también en la monogamia, por supuesto. O en otros sectores del activismo. Simplemente, la monogamia no pretende con su discurso haber alcanzado un lugar más igualitario u horizontal; ni niega en su pedagogía el marco sistémico en que se desarrolla la práctica. No propongo, entonces, que nos dediquemos o volvamos a las relaciones exclusivas. Solo quiero que dejemos de idealizar espacios que no tienen tanto de mágico como hacemos creer desde los lugares de difusión de estas formas de vida.

Tampoco tengo una solución para estas dinámicas. Pero sé que si vamos a proponer alternativas a las relaciones, tienen que servir, ante todo, para desmontar estas cosas.

17 de febrero de 2020

¿A dónde va una relación de anarquía relacional?


Ayer, arrunchada en el sofá con M -una de las personas que tiene acceso a mi intimidad- tras una copiosa comida india, conversamos tranquilamente sobre nuestros deseos de cuidado mutuo y para las relaciones en general.

En lo que me pareció un inmenso gesto de cariño, me preguntó: "¿Cómo te gusta que te cuiden?"

Reflexioné en voz alta y con toda sinceridad que, por ambiguo que suene, depende enteramente de la relación. Reconocí tener expectativas de cuidado muy distintas para cada uno de los vínculos que actualmente conforman mi red afectiva. Conté que es algo misterioso cómo he llegado a crear esas expectativas. Aunque ahora, después de darle vueltas, creo que tuvo que ver con el reconocimeinto y la aceptación de lo que aquellas personas me pueden ofrecer en combinación con encontrar una necesidad mía satisfecha por ello.

Di un ejemplo empleando mi relación íntima no-consanguínea más antigua. Ó, a quien llamo mi espejo, alma paralela, gurú y muchas cosas más, es alguien que lleva caminando a mi lado ya 9 años. Nuestra relación ha pasado de lo erótico a lo platónico sin dejar nunca de tener esa potencia creadora del deseo de unión y conocimiento mutuo. Me gusta que Ó me cuide escuchando mis crisis emocionales, oyendo sin asustarse mis pensamientos más oscuros y sacándome con lógica de los agujeros más profundos. Es una dinámica recíproca de cuidados a la que hemos llegado con el tiempo. No es lo único que hacemos, pero sí lo más importante para mí de nuestro vínculo.

Leyendo entre líneas, añadí que los cuidados que me gusta recibir en el vínculo que tengo con ella son otros. Especifiqué los mensajes con cumplidos o preguntando cómo fue mi semana, los besos y los abrazos. Por esto de que el amor es reciprocidad, no altruismo, le pregunté qué cuidados deseaba ella en una relación.

Le conté a M que, tras varios años de anarquía relacional, no encuentro ninguna relación (ni siquiera con mi madre) que se enmarque estrictamente en las cajitas de familia, amistad o pareja como nos dicta la sociedad que debemos separar nuestros afectos. ¿Cuáles más, sino, hay? Pocas palabras adicionales tenemos. Queerplatonic, follamigx... Ahora, todos mis vínculos íntimos están compuestos por elementos mezclados de varios tipos. Podría intentar desgranar, como hicieron los griegos, cuánto de ágape, eros, philia, storge o xenia compone cada uno de mis afectos. Pero no lo necesito. Sé que son -como dice mi profe- cuerdas con hilos de varios colores las que nos unen, cada cual con más hilos de algún tipo.

Entonces, me dijo algo que me sorprendió. Por esto del efecto burbuja de pasar mucho tiempo en comunidades inclusivas donde nadie nos cuestiona. Es fatal. M me contó que alguien le había espetado: "Yo no podría estar en una relación que no sé a dónde va".

Reafirmé, leyendo entre líneas una vez más, que mi deseo era continuar viéndonos. Pero me quedé pensando.

¿Hacia dónde puede ir o va una relación, de la orientación relacional que sea?

Claramente, hablamos de la escalera relacional. Tenemos una imagen mental de cómo es nuestra relación de pareja ideal y cuales son los pasos para llegar a ella. El orden da igual y hay variaciones culturales o contextuales miles. Va de cómo llegamos desde que nos conocemos hasta conformar una entidad sexo-afectiva socialmente reconocida y con caracter reproductor. Y despues, ¿qué? ¿Hasta el primer conflicto irreconciliable? ¿Hasta que la muerte nos separe? Lo que yo no podría es perpetuar el mismo ciclo de creación y destrucción de parejas las veces que sea necesario hasta encontrar "la verdadera". Porque no creo que exista.

Esta idea de que las relaciones deben ir hacia adelante -en una serie de hitos imaginarios- me parece muy capitalista. Parte de una lógica de considerar positivo solamente el crecimiento, el avance o el progreso continuo. Asume que está bien solamente aquello que va progresando hacia un incremento (de cuidados, compromisos o tiempo compartido).
También creo que el énfasis en construir algo es muy reproductivo. No todas las relaciones necesitan ese componente.

Obligamos a los amores y a los proyectos a asumir esta lógica linear. Y yo me di cuenta que estoy muy contenta en lo estático, lo circular o lo espiral. Las relaciones lineares tienen un principio y un final. Así sea el fin último, la muerte juntxs para siempre, se asume que desenlazarán. La idea de querer saber a dónde va tampoco da lugar para la incertidumbre intrínseca. Por más que yo desee que algo permanezca, continue, cambie o crezca, dos personas conforman una relación.

Para mí, la anarquía relacional ha abierto las posibilidades a salir de este esquema obligatorio. He tenido relaciones que subían por la escalera y todos sus hitos normativos de pareja pero, al acabarse el deseo de cohabitar de una de las partes, hemos dado un salto atrás y nos encontramos ahora estáticos en una dinámica que mantiene componentes platónicos y eróticos pero no va a avanzar más. Vínculos que deseo fuertemente de forma erótica se encuentran demasiado lejos para tocarnos, llevando a transformar nuestra intimidad de formas más platónicas y a construir mucho más nuestra relación emocional. Amores con quienes no quiero tener contacto físico alguno me hacen sentir profundamente enamorada, con ganas de cohabitar y planear futuros conjuntos.

Además, estoy dispuesta y sé que todo esto puede cambiar. Porque cada vez que dibujo nuevamente mi constelación hay en ella personas distintas. Admito que la gente que quiero se aleja continuamente, se ocupa, decide ir por un camino diferente. Como J me dijo durante un duro duelo que no lograba entender, porque ella no me había avisado ni explicado nada sobre su ausencia, lo único que puedo hacer es decidir si quiero continuar con la relación en caso que esa persona elija volver a aparecer en mi vida. Y, si es así, darle la bienvenida cuando lo haga. Agradeciendo contar otra vez con su presencia.

21 de enero de 2020

Poliamor, ¿amor altruista o egoísta?

Estoy leyendo el artículo de Wikipedia sobre amor y me sorprende la claridad de la propuesta ética respecto a los dos tipos de amor posible bajo los cuales se agruparían todos los demás.

Al contrario que el artículo en inglés, antes de adentrarse en las diferentes versiones biopsicosociales y religiosas de este macro-concepto, el texto propone que todas las definiciones del amor caben en una u otra de dos interpretaciones: el amor altruista, compasivo y cooperante; o el amor egoísta, competitivo, rival e individual. Una y otra idea están, a su vez, ligadas a conceptos espirituales o materiales respectivamente.

A medida que leo ejemplos de ambas propuestas, me pregunto lo obvio. El poliamor... ¿Propone un amor altruista o egoista?

Algo curioso en el poliamor es que, por más que nos dedicamos a filosofar sobre la forma de vincularnos afectivamente, el amor es un tema ampliamente evitado. Hablamos de acuerdos, de límites, de necesidades, de responsabilidad, se nos llena la boca insistiendo en la importancia de la comunicación y nos atrevemos hasta con los celos. Pero nadie se mete con el amor. Nos limitamos a criticar los mitos románticos, pese a que los reproducimos continuamente en nuestras relaciones.

Vagalume tuiteó esto, dando en el quid de la cuestión:

Me acabo de topar con una reflexión de Roma de las Heras que me ha fascinado:

El apoyo mutuo se basa en la reciprocidad, no en el altruismo.

**el altruismo es un valor de clase, es altruista quien puede. Ser altruista se sostiene sobre tener las necesidades cubiertas, y la reciprocidad sobre el reconocimiento de esas necesidades y la interdependencia para cubrirlas.


Pienso en todas las veces que he leído o escuchado a gente de la comunidad hablar sobre un amor altruista, que no espera nada a cambio de lo que da. En las bondades de tener una disposición de abundancia -frente a una mentalidad de escasez- al amar. Todo muy bien traido con esa siempre presente ética New Age.

Y encuentro una pista que me gusta.
Tú puedes creer lo que quieras sobre el amor.
Pero yo te digo que el amor es recíproco y consciente de las necesidades mutuas. No altruista. Y menos a costa del bienestar propio. Está en la mitad entre lo material y lo espiritual. Cuidadoso sin dejar de ser egoísta.

16 de enero de 2020

Yo no soy tu líder activista

Algunas vivencias de este último año me han precipitado a decisiones que llevaba tiempo postergando. En resumen, he elegido alejarme de acciones activistas en contextos físicos para dedicarme -por el momento- exclusivamente al activismo virtual. Y, aunque la separación sea a veces compleja de ver, quiero enfocarme solamente en la educación en diversidad relacional en los espacios de talleres.



Un detalle curioso de este proceso ha sido, como siempre, comentarlo con compas del sector. Quienes llevan años liderando movimientos similares comprenden perfectamente mi frustración.

Por si acaso, antes de profundizar más, aclararé por milésima vez que el activismo va de proponer un "deber ser" contra-hegemónico. Una alternativa supuestamente mejor que la normativa. Mientras que la educación consiste en enseñar todo el abanico de opciones posibles, junto con las herramientas para tener criterios ante la elección. Y recordaré que el poliamor es, sin lugar a duda y tal como se vive en las comunidades de encuentro, un activismo voraz ante quien no acata la nueva religión. Hay principios muy concretos que guían cómo es mejor hacerlo / serlo (aunque cada persona tenga ideas diferentes sobre su significado).

Así, alucinando que igual alerto a alguien contra la inútil idea de intentar cambiar el mundo a través de las comunidades de base (o simplemente para desahogarme) trataré de explicar por qué no soy -ni quiero ser- tu puta líder activista:

Alguien una vez me dijo que yo, como líder de Poliamor Bogotá, estaba obligada a ser más responsable afectivamente, honesta y cualquier otro principio del caso que nadie más. De dar ejemplo. En ese momento me creí el cuento y cargué con la culpa de no ser la Persona Poliamorosa Perfecta ®. Creo que muches participantes de la comunidad ven a quienes organizamos los espacios como "seres iluminadus" que hacemos todo esto mejor.

Hay varios fallos con esta idea.
Primero, no existen criterios de selección más allá de querer y poder hacer activismo para estar a la cabeza de estos espacios. Las razones para dedicarnos al activismo pueden ser muy egoístas o completamente altruistas. Yo junto una mezcla de ambas, desde mi necesidad personal de contar con burbujas de inclusión, reconocimiento o aceptación de mi identidad hasta el deseo de proveer herramientas de gestión emocional para que otres sufran un poco menos. PERO hasta ahora no hay correlación entre las virtudes morales que asociamos al poliamor y el privilegio de disponer de tiempo o ganas para dedicarse a esto. Y doy fe que la brecha entre mi información y mi acción es inmensa. Muchas veces por mi propia incapacidad, tantas otras porque es necesaria la intención comunitaria para volverlo realidad.
El otro gran lío con esta idea es que jerarquiza. Si yo lo hago mejor por el simple hecho de hacerlo más frecuentemente, podemos empezar a creer que algo poseo para ese savoir faire asumido y esperado. ¿Conocimiento? ¿Criterio? De esta forma, independiente a mis virtudes o capacidades reales, tan solo por mi perrenque [léase energía y dedicación en España] se me otorgan potestades de decisión que quién sabe si correspondan.

No quiere decir lo anterior que no tenga buenas ideas, válidas, leídas, bien formadas y útiles para la toma de decisión. Mi obsesión con el poliamor ha alcanzado niveles patológicos. Los más de 500 artículos que hay en esta web están filtrados y escogidos por mí, entre muchos otros que leí y no seleccioné. A mi correo llegan alertas de Google News y T&F semanalmente. Es posible que sí sepa qué decisión tomar. Bajo mis criterios sobre lo que es mejor, claro está. ¡Qué responsabilidad!

El asunto con los criterios es que se forman sobre sistemas de principios completamente propios a cada individue. Lo que cada quien piensa que está bien o está mal. En mi última crisis existencial aprendí que mis valores eran completamente subjetivos y, por tanto, no eran moralmente superiores a los de nadie más. Mal que nos pese, hasta que no descubramos a Diosatodopoderosa ® y nos entregue los mandamientos de la vida, debemos aceptar la diversidad. Ni los principios del poliamor (honestidad, responsabilidad, consenso) son supremos. Ni hay prueba empírica de que la vida regida bajo ellos sea más larga, más saludable (¡ja!), ni mejor según ningún otro parámetro. Y, dado el caso de demostrarse que la experiencia poliamorosa fuera más algo, aun podríamos debatir si efectivamente ese algo es mejor para todes o en todos los casos.

Aceptado esto, si no te gusta lo que pienso, ancha es la Internet o el campo. Haz tu activismo en otro lado. Quienes os habéis quedado, entiendo que será porque coincidís con mi criterio y opinión sobre la decisión. Aunque yo, que conste CLARO Y ALTO, yo no os he pedido quedaros.

Entonces, valóralo.
Entiende el esfuerzo y tiempo que me ha costado aprender. Cuando hablo de poliamor no expreso simplemente mi opinión. Comparto este conocimiento, también, atravesado por la lente de mi experiencia. Comprende que yo no lo cuento, no viajo, converso, escribo y leo a diario sobre esto para que llegue el machx de turno a apropiárselo. Dame crédito cuando corresponda (esto vale para mí o cualquier otra fuente que emplees). No tengas el descaro de citarme en el mismo lugar que abrí para ti y decir que lo leíste por ahí. Esto me ha pasado. Son estas mierdas las que me impulsan a cobrar por los espacios.

A ver, ya lo sé, Casi todas las ideas son iteraciones de otras, más antiguas. Una de mis frustraciones actuales es ver que las feministas de los 70s habían descubierto ya todas estas utopías amorosas de las que hoy hablamos (la responsabilidad afectiva, deconstruir el amor romántico, desjerarquizar la pareja) y no les sirvió para nada. Sin embargo, a veces la mezcla concreta en la que se presentan las ideas es gracias a alguien. Yo le debo mucho a mis profes de sexología y a algunas mentes insanas por ahí. Es justo que las nombre siempre que pueda. Por ejemplo, esto de la explotación de las ideas y cómo es un rasgo más del consumismo al cual nos sometemos viene de @kmi.kc.

¿Quieres quedarte y, aun así, criticar? Asegurate de tener una buena propuesta y alternativa al plan. Intentando co-crear he comprometido cientos de veces lo que creía mejor, tratando de incluir las ideas de otres para construir horizontalidad. Claro que sí, también gracias a la imaginación ajena mis talleres han mejorado otras tantas ocasiones. PERO si te vas a quejar hasta por el color de las decoraciones cuando no has puesto ni un minuto ni un peso ($) en la actividad, tu opinión quizá guárdatela.
Lo mismo aplica para las brillantes ideas que nunca piensas ejecutarUna de las razones más frecuentes de bronca con mi ex era no estar de acuerdo en cuestiones de Poliamor Bogotá. En su esfuerzo por minar mi auto-estima insistía que, si yo no quería hacer las cosas como él proponía, era mala malísima por "desmotivar las iniciativas de la comunidad". ¿Qué buscas cuando propones ideas? ¿Dar a conocer lo brillante que eres por tenerlas? ¿Esperas que otre tome la iniciativa de tu plan? ¿Que te feliciten? ¿Estás pidiendo permiso? Eso no, porque muchas veces he aprobado propuestas y resultados no hay.

Tanto la crítica destructiva como la propuesta sin iniciativa jerarquizan la estructura organizativa. Obligan a que otre tome una decisión: solucionar, iniciar, crear, coordinar, por ti. Tan pronto dejas la decisión en mis manos, me das el poder sobre cómo y cuándo ejecutar. Si quieres que las cosas se hagan como tú las imaginas, hazlas. No logro entender por qué la gente piensa que esto significa atomizar, dividir o antagonizar. Cuando lo que implica realmente es LIDERAR procesos comunitarios en los que inspires a la gente a unirse a tu propuesta. Aceptando que no todo el mundo lo hará. Quizá hay demasiado miedo a fracasar. Puede que sea solo pereza. Muero por escuchar vuestras respuestas.

En fin. En los últimos 3 años he intentado, desde mis conocimientos disponibles, construir un equipo horizontal y multidisplinario que se apropiase de su lugar como referente para una comunidad de más de 8.000 personas. Seguramente más de una y de dos malas decisiones habré tomado. Concluyo con una comunidad satisfecha con seguirme como la figura de mando que no quise ser. Poliamor Bogotá no tenía autoría -ni rostro- para no crear falsa autoridad o verdad. Sin embargo, cuanta mayor apatía percibía, menos ganas de compartir mis ideas e iniciativas. Me siento orgullosa de mis propuestas y yo sí quiero probar suerte construyéndolas.

Como toda autoridad, he sufrido el consiguiente rechazo malcriado a la figura de poder de la cual se depende. Olvidando que es un espacio que ostento otorgado enteramente por la falta de motivación para accionar, por una carga mental que debía haberse compartido y por una responsabilidad de decisión que no me compete.

Así, decido que NO. Ya no quiero ser más la madre sobreprotectora a la que culpar.

Es absurdo predicar sobre desjerarquizar las relaciones afectivas cuando no somos capaces ni de distribuir tareas activistas equitativamente. Esperando que nos manden qué hacer, o nos recuerden nuestros compromisos, desde una lógica de poder y orden social vertical. No quiero jugar más.

25 de noviembre de 2019

Hoy muero de pena

Hoy estoy de luto. Lloro sangre. Me puede la tristeza.


Mi feminismo está en construcción, siento que no me pertenece esa palabra. Hay quienes saben más que yo, me abruma la riña continua de egos activistas.

Pocas marchas he acompañado, pero esta la camino con rabia. Si todavía me bloqueas, eliminas y rechazas es que no has entendido nada. No soy yo la mala. Por levantar la voz contra tus violencias. No soy yo el monstruo. Por hablar sobre tus golpes. No soy yo tirana. Por reclamar espacios seguros.

Si te vendas los ojos, me ignoras o miras para otro lado, jamás aprenderás nada.