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13 de marzo de 2020

4 problemas feministas del poliamor

Ayer me invitaron a grabar un podcast genial, que espero compartir pronto con todes. Mientras sale, y como dialogando no siempre se transmite el mensaje tan claramente que por escrito, he pensado en dejar por aquí las ideas que preparé para ese encuentro.

Os reto a que hagáis esta entrada tan viral como esa nota tan bonita sobre anarquía relacional, para que no sea yo la única loca gritando a los cuatro vientos los problemas del poliamor en la práctica. Así, igual me convencéis de dejar de creer que la comunidad solo quiere comprar la versión fantástica y preciosa de esta historia.

Allá va, algunas razones por las que el poliamor es complicado de llevar a cabo si le ponemos la lente del género al asunto:

Nos enamoramos
El poliamor se ha subido muy rápido a un montón de teorías diferentes de las relaciones interpersonales (Comunicación No Violenta, Honestidad Radical). Una de ellas es la crítica feminista a los mitos del amor romántico. Sin embargo, como explica mucho más ampliamente la Vasallo en este artículo -y, mal que nos pese, como nos apuntaba el ya extinto movimiento ágamo-, hemos convertido el pack de mitos románticos en chivo expiatorio de un problema mayor. Mari Luz Esteban lo cuenta muy bien en Crítica al Pensamiento Amoroso. La dificultad con el amor (sin apellidos) no está en creer en una serie de ideas concretas y confinadas a esas listas que se pueden fácilmente difundir en redes sociales o talleres. El amor generiza y sexúa diferencialmente a hombres y mujeres en una sociedad y contexto histórico para los cuales nuestras expectativas y tareas dentro de las relaciones amorosas son desiguales. El guión de sentir y hacer la experiencia "amor" es diferente para las mujeres; a quienes se nos educa en el cuidado, atención y satisfacción de necesidades dentro de las relaciones afectivas.
Bajo este paradigma, amar nos sitúa irremediablemente en servidumbre. Enamorarnos, al contar con un discurso cultural adicional de sacrificio y dolor, aún más. Sin embargo, muchas personas poliamorosas todavía buscan activamente relaciones en las que el amor enamorado sea la cúspide de su red afectiva. Y se hace bien poco en las comunidades por entender qué ideas del amor promovemos o prevalecen.

Silvia Federici
El amor es limitado
Ojalá una moneda por cada vez que he leído o escuchado algo parecido a «el amor es infinito, pero el tiempo es limitado». Una idea que yo misma he pecado de reproducir dentro de las comunidades poliafectivas y se encuentra en la mayoría de textos originales (Ética Promiscua, Más Allá de la Pareja, Opening Up). Esto, simplemente, no es verdad. Hay muchas otras cosas que limitan el amor además del tiempo, como las capacidades, los intereses, o los deseos. Los deseos, construidos y modelados por mandatos hegemónicos de lo que es atractivo o no, rigen en su mayoría hacia dónde orientamos nuestros afectos y la atención o cuidados que derivamos de ellos. Estas construcciones del deseo obedecen, por supuesto, a imposiciones sobre apariencia y comportamiento que obligan diferencialmente a la mujer. Las atenciones o cuidados que derivan del amor también quedan limitadas, de nuevo, por prejuicios sobre a quién le corresponde ejercer de cuidadora en la relación.
La propuesta poliamorosa que plantea suficiente amor para acabar con la competición se desmorona ante la evidencia de un sistema aliado entre racismo, capitalismo, capacitismo y patriarcado.

Nuestras emociones están situadas en un contexto
Uno de los grandes éxitos del capital es habernos vendido que toda la responsabilidad de lo que sentimos nos pertenece. Así, cualquier culpa por estar inmersas en situaciones opresivas o violentas automáticamente se revierte. La manipulación máxima. Pero no. Ya lo he explicado con ejemplos. Insisto. Las teorías poliamorosas nacieron en el boom de la auto-ayuda, desde lugares de privilegio muy concretos espacial y temporalmente (la bonanza estadounidense de los años 80). Escribían mujeres blancas de mediana edad, asentadas en vidas relativamente cómodas tras haber explorado una juventud hippie en los años 60. Estas teorías no han hecho sino presionar más aun para que las mujeres nos amoldemos al guión socialmente aceptado de sentires válidos. Desde el psicoanálisis (o antes, desde la quema de brujas en la hoguera), las mujeres hemos sido histéricas cuya emoción debía ser dominada. Poner el foco, como hace el poliamor, en la responsabilidad individual, no hace más que descontextualizar que vivimos en un sistema donde la razón, la lógica y la compostura se premian por ser características asociadas con lo masculino, y la expresividad se castiga por lo contrario. El discurso poliamoroso invisibiliza las razones legítimas por las cuales podemos sentir tristeza, ira o miedo. Y convierte la forma en que comunicamos las emociones el problema central, evitando cómodamente reflexionar sobre por qué las sentimos.

Ideas como «hay que aprender a quererse antes de querer o que te quieran» ignoran la inmensa carga de opresiones estructurales sobre nuestra imagen y autoestima que nos imponen a las mujeres. Es, además, capacitista para aquellas personas neurodiversas con condiciones como la depresión que afecta su visión de sí mismas. No somos menos dignas de pertenencia a redes afectivas porque nos hayan intoxicado con creencias de inferioridad para dominarnos.

No es más sano
Aunque nuestro discurso repite hasta el hartazgo que no nos debemos creer más evolucionadxs, muchas personas sienten que el poliamor es más saludable. Se crea un efecto halo sobre quienes participamos activamente en las comunidades. Se nos otorgan automáticamente virtudes asociadas a los principios y valores con los que definimos esta orientación relacional. Es normal, cuando hablamos sin cesar de poliamor en términos de honestidad, ética, consenso y responsabilidad, creer que lo demás es menos moral. El problema con esto es que esconde comportamientos dañinos. Esperar que todas las personas poliamorosas seamos así de buenas nos hace pasar por alto los actos que no encajan con la expectativa de Personas Poliamorosas Perfectas, ya que crea una disonancia cognitiva. Sin embargo, en el poliamor hay ya varios ejemplos ampliamente documentados de abuso basado en género. De hombres posicionados en lugares de liderazgo y reconocimiento comunitario que agreden a mujeres emocional, física y sexualmente. Hombres que aprovechan este prestigio y reconocimiento para ocultar su maltrato o atraer nuevas víctimas.




Algunos de estos problemas están presentes también en la monogamia, por supuesto. O en otros sectores del activismo. Simplemente, la monogamia no pretende con su discurso haber alcanzado un lugar más igualitario u horizontal; ni niega en su pedagogía el marco sistémico en que se desarrolla la práctica. No propongo, entonces, que nos dediquemos o volvamos a las relaciones exclusivas. Solo quiero que dejemos de idealizar espacios que no tienen tanto de mágico como hacemos creer desde los lugares de difusión de estas formas de vida.

Tampoco tengo una solución para estas dinámicas. Pero sé que si vamos a proponer alternativas a las relaciones, tienen que servir, ante todo, para desmontar estas cosas.

25 de noviembre de 2019

Hoy muero de pena

Hoy estoy de luto. Lloro sangre. Me puede la tristeza.


Mi feminismo está en construcción, siento que no me pertenece esa palabra. Hay quienes saben más que yo, me abruma la riña continua de egos activistas.

Pocas marchas he acompañado, pero esta la camino con rabia. Si todavía me bloqueas, eliminas y rechazas es que no has entendido nada. No soy yo la mala. Por levantar la voz contra tus violencias. No soy yo el monstruo. Por hablar sobre tus golpes. No soy yo tirana. Por reclamar espacios seguros.

Si te vendas los ojos, me ignoras o miras para otro lado, jamás aprenderás nada.

11 de abril de 2019

Mujer... ¿Cis?

De forma muy superficial voy a intentar expresar algunas ideas que llevo tiempo rumiando.

[Porque también, basta ya de hablar aquí de poliamor, leñe].

En general, definimos a las personas trans como aquellas que se identifican con un género diferente al asignado al nacer. No voy a entrar en detalle porque no soy quién para describir una experiencia que no vivo. Si tenéis curiosidad, ancha es la Internet.

En cambio, cisgénero se define como la experiencia de reconocerse en la lectura del propio género que te han realizado al nacer. Ahora, sobre esto tengo algo que decir.

Más desde mi vivencia que como opinión.

Cuando escuché por primera vez la palabra cisgénero pensé: «ah, claro, pues eso soy yo». Una forma más de identificarme y explicarme. Desde mi entonces marco conceptual binario del sexo (biológico) versus el género (cultural), me resultó perfectamente comprensible auto-etiquetarme como no-trans. Generar una dicotomía desde la cual distanciarme de esa otredad.

Charla a charla y taller a taller, a medida que repetía la palabra para dar ejemplos sobre casos diferentes, empecé a preguntarme... ¿A qué me refiero cuando digo que soy cisgénero?

Partiendo de la definición... Quizá lo que quiero expresar es que mi identidad de género coincide con mi fenotipo sexual, o sea, que mis características externas físicas -mi apariencia genital vaya, porque de peques no contamos con mucho más- concuerda con los roles de género -las creencias socioculturales de cómo esos genitales deben comportarse.


Y ahí ya me empieza a chirriar el concepto.


Yo sé que me vivo como mujer. Pero... ¿Por qué lo sé? 
No es la identificación con los roles tradicionalmente asignados a este género/sexo lo que me dan esa pista. Si así fuera, estaría profundamente confundida. No encajo, por muchos factores, en los patrones de la feminidad hegemónica.

No me depilo, no uso tacones. No me gusta ir de compras. No me da vergüenza hablar sobre mi deseo erótico. No me dan asco los bichos, ni temo las serpientes o los roedores. Se entiende la idea. 
La versión de la feminidad que me han vendido es algo que cuestiono. Reflexionando también lo que significa para mi la etiqueta de mujer. Y, decidiendo serlo a mi manera, acepto que me lean como mujer desde fuera. Por lo que sea, porque llevo el pelo largo y pendientes. Porque no tengo (casi) bigote. Porque tengo tetas. Porque me gustan algunos penes.

Y, desde luego, tampoco creo que mi genitalidad me defina como mujer. Con esto puede que dos o tres personas discrepen (muchas más a nivel global, seguro, pero digo entre quienes me leen).
Valdría pararme a explicar por qué mi vagina, útero, óvulos, ovarios y clítoris no son lo que me hace una mujer. Puede que ahí esté el intringulis. Es difícil plantearme esta cuestión teniendo, de hecho, estos genitales y no otros. Para mí la respuesta fácil y rápida es que se puede ser mujer sin tener todo esto. Pero creo que esta respuesta no convencerá a los dos o tres que mencionaba anteriormente.
La respuesta larga y compleja es que hay muchas otras cosas que me hacen mujer más que mi genitalidad, o que realmente no utilizo esos genitales en la forma socialmente establecida para cumplir mi rol asignado -parir-, o que los utilizo de formas tradicionalmente prohibidas y negadas -disfrutando de mi placer sexual. Sin embargo soy mujer.

Entonces, si no creo que sea mi apariencia genital lo que define ser mujer y tampoco mi feminidad -pues ya está visto que no poseo tanta-... ¿Qué es ser mujer?
Nada más y nada menos que enunciarme como tal.

Y el sufijo "cis", creo que podemos irlo desterrando.

26 de agosto de 2018

Femichulos

De lo peor que te puedes echar a la cara es un tío que vaya de feminista por pose, porque sabe que así levanta más (levantar es ligar, para lectores españoletes), o por la moda. Oye, con esto de las camisetas del Zara habrá alguno muy hipster que quiera subirse al carro para no quedarse fuera de la última tendencia.

Pero más grave que el feminista poser, a quien se huele venir a desde que abre la boca, es el aliado deconstruido que piensa que no tiene más camino por andar.

Este espécimen de femichulo te la cuela hasta que estás colada por sus huesos. Se sabe el discurso y además lo practica hasta que... ¡Zasca! Cuando has bajado la guardia y confías en que es una persona que respeta tus límites, te cuela una opresión sistémica por donde menos lo esperabas.

¿Unos ejemplos? Vamos a ello:

Persona que, en sus charlas activistas públicas usa el femenino plural genérico para referirse a participantes de géneros diversos sin importar la mayoría («Bienvenidas»), un día que está cansade pero quiere correrse igualmente se pasa por el forro de los cojones tu lenguaje corporal, llevándote a darle el orgasmo que busca y seguramente sintiéndose conforme con que por lo menos ha tratado de hacerte correrte a ti. Ignorando abiertamente la desigualdad de poder en la educación implícita en los roles de ser criades como hombres o mujeres, donde a nosotras se nos enseña a complacer. Y que decir que no a esas alturas es de calientapollas. No haciéndose responsable de este privilegio en ningún momento, con algo tan sencillo y erotizable como preguntar: "¿te apetece?" Porque en realidad no quiere dar lugar a una negación en ese momento. O simplemente fijándose en la resistencia que haces con tu cuerpo.

Más aun, está el hombre cishetero (flexible -lo que sea que signifique eso*) que alaba los beneficios del poliamor para el feminismo y viceversa en foros públicos. Sin embargo, le pones un límite sobre tu cuerpo enfocado exclusivamente en cubrir tu necesidad de auto-cuidado emocional en un momento concreto y... ¡Tachán! Se rebela contra él como si le pertenecieras. Amaga con abandonar el encuentro ahora que ya no cumple sus expectativas de contacto y encima te chantajea diciendo que oh, pobre de él, tiene que ceder siempre. Todo sin parar de insistir en continuar otras formas de contacto físico. Plagando, además, el espacio verbal de alabanza para neutralizar cualquier disonancia cognitiva que te pueda resultar de haberse ofendido por plantear límites. Mientras te impide, encima, expresar las emociones que su abandono como reacción a tu planteamiento del límite te han generado porque tienes que entender que «a veces hablarlo todo tanto, cansa». Y así, en ese estado de INVALIDACIÓN DE TODAS, ABSOLUTAMENTE TODAS TUS EMOCIONES te largas. Porque al menos eres lo suficientemente mayor como para haber aprendido a huir de espacios que, si van bien, te van a disociar y si van mal acabaran en gritos, lágrimas y golpes.

El patriarcado es omnipresente. Quien entra en una relación heterosexual, o con roles que puedan estar aprendidos como tal, está obligade a asumir sus privilegios y revisarlos constantemente.

En conclusión, solo os puedo decir que huyáis como yo de los femichulos. Que encuentros hay cientos. Que las personas somos más importantes que las relaciones. Y que te sude la figa. 
El amor más constante que vamos a tener es el amor propio. A trabajárselo y pa' la mierda quien lo infrinja.

*¿Etiqueta para hombres que no quieren leerse como bisexuales por miedo a perder su masculinidad? Da para reflexionar.

4 de abril de 2018

Guapa

El asco que me da que un viejo me diga «guapa» por la calle mientras invade mi espacio personal es inversamente proporcional a mi capacidad de intimar emocionalmente con hombres cisgénero heteronormados.

Con cada violencia adicional, se acumula la desconfianza. La desgana, el miedo o el desinterés incrementan a medida que el patriarcado me somete una y otra vez a sus opresiones sistémicas ejercidas mediante bocas desdentadas, desde cuerpos ajados y con peste a vicio.

No es, aunque lo parezca, la envoltura lo importante. Sino la determinación que los años otorgan a estas gentes lo que resulta insoportable. Esa brecha generacional lava su conciencia, permitiéndoles ser, si cabe, más coercitivos.

En entornos seguros, respondo al señor incómodo que dice «niña bonita» un brusco: «señor feo». Pero no siempre se puede arriesgar. Y callar a veces quema. En el orgullo, en la autonomía, en la identidad.

MUERTE AL VIEJO VERDE.

6 de junio de 2017

La Reconquista

Esto va de amor romántico.

Solía yo, en mi relación monógama que se hacía pasar por otra cosa más liberal, indignarme a raudales si mi amor no venía tras de mí en plan culebrón a intentar resolver el entuerto cuando me marchaba cabreada de una discusión.

Nunca, ni una vez, se dio el caso que al irme enfadada -después de dar un par de voces o decir alguna frase hiriente- saliera en mi búsqueda esta persona. Con el tiempo, aprendí que esa técnica novelesca no iba a surtir efecto para lograr mayor atención y, en su lugar, intenté comunicar de otra forma mis necesidades.

Ahora, creo que me hicieron un gran favor.
Esto de salir corriendo detrás de alguien [metafórica o literalmente] que nos está diciendo que no nos quiere, que hemos hecho algo mal, que nos grita o nos desprecia es un hábito aprendido de la omnipresente cultura del amor romántico. Porque el amor lo puede todo. Todo lo puede vencer, cambiar y superar.

Y no hacerlo, por el contrario, es una muestra de respeto hacia une misme y hacia el otre. Nos respetamos a nosotres mismes al no volver a la persona que nos está diciendo que no nos quiere a su lado, o que de alguna manera nos lo demuestra con el trato. Y respetamos a la otra persona al no imponer nuestra presencia en alguien que nos indica que no la desea.

¿Es igual en el caso de que no haya gritos o desprecio?

Más aún.
Cuando alguien nos dice, desde la mayor amabilidad posible, que no nos desea a su lado, los intentos de reconquista siguen siendo rezagos de la mítica cultura del amor romántico.
El amor bondadoso, y el respeto hacia los sentimientos de la persona que nos comunica esa necesidad, indican como ideal cesar toda insistencia y escuchar sus deseos. El respeto hacia une misme y la propia auto-estima, igualmente, señalan que la mejor ruta es aceptar la decisión de la otra persona y desistir cualquier intento de cambiar su parecer que pueda ponernos en la posición de estar imponiendo nuestra voluntad a la de alguien que ya no nos desea. Por difícil que sea.

Por qué, entonces, tanta gente continúa sucumbiendo a la necesidad de pedir "otra oportunidad" o pedir "perdón" a la desesperada, incluso cuando no se les acusa de nada. ¿Os ha pasado que, cuando eso no surte el esperado efecto de haceros cambiar de opinión, empiezan a culparos de injustas o inmisericordes? ¿O de ser pendenciera?
¿Qué mecanismos llevan a estas personas a querer seguir en relaciones a todas luces sin futuro, ya que no hay deseo de una parte?

Podría ser simplista y decir que son cosas como el miedo a la soledad, la (co)dependencia, o contar únicamente con herramientas de chantaje emocional para relacionarse...

Pero la variedad de relaciones y situaciones en las cuales me he topado con este afán de reconquista me obliga a pensar que hay algo más. Algo sobre la forma en la cual enmarcamos las relaciones. Como la idea de que deben ser peleadas hasta la muerte, aunque ya no quede nada de la razón que unía a las personas que la conforman. Pura mitomanía tendiente a mantener a gente que no se aprecia y puede incluso ser abusiva entre sí, unida.

YO, POR SI ACASO, MUTIS.

22 de abril de 2017

"Cállate y bésame"

¿Alguna vez te ha pasado que estás debatiendo un tema con un hombre y, al no llegar a un acuerdo, te da un beso para callarte?
A mi me pasa todo el tiempo.
Reflexiona sobre las implicaciones de eso por un segundo.
Bisexualas y lesbianas del mundo, ¿alguna vez os lo ha hecho una mujer? Porque a mí, no.

En ese beso está implícito todo el juego de poder que envuelve el género. Yo, macho, utilizo la atracción sexual entre nosotres para determinar que mi argumento es más valioso que el tuyo y decidir cuándo y cómo termina el diálogo sobre este o cualquier otro tema.
"Cállate y bésame".

No te dejes, mujer, callar de esta manera. Por mucho que te guste esa persona. Es probable que el hombre que realiza esta acción acarree consigo una serie de creencias machistas que legitiman tales actos de opresión. Y sino, espera. Espera y verás, cómo la próxima vez que tengas una opinión ligeramente fuerte o inamovible te llama "regañona".

1 de marzo de 2017

Invisibles

Las lesbianas en Colombia son invisibles. Un colectivo invisibilizado.
Obviamente, existen en la misma proporción que en todas partes (aproximadamente un 1.5% de las mujeres). Pero no las ves, no hay recursos ni foros para ellas.

A continuación, pruebas gráficas de ello.

Este es el resultado de una búsqueda en Google para "lesbianas bogotá" y "lesbianas colombia":
Atención al cuarto resultado. 
Cuando se accede a las páginas anteriores, con supuestos recursos de contactos o información sobre lugares de encuentro, la realidad es que no hay nada publicado; la información está desactualizada o es incorrecta. Por ejemplo, categorizan tiendas de venta de artículos sexuales como lugares de interés para lesbianas. 
Para el país al completo, lesbiana es igual a porno.

Buscando en la principal página que figura como guía gay de Colombia (la única que aparece y tiene pinta de estar actualizada), bajo la sección para lesbianas hay:
5 lugares listados en Bogotá. No puedo comentar sobre las otras ciudades porque no me ubico. Procedamos a diseccionar...
El primero tiene esta pinta:
Para les que no sois de aquí, no. No, esto no es lo mejor que puede ser un bar o discoteca en Colombia. Los tenemos como en todas partes, llenos de lucecitas y neones. Que no digo que tenga que ser así. Pasé la mejor parte de un año metida en un antro llamado El Romy donde lo mejor que podía pillar era una salmonellosis. Pero no sé, cada escena requiere su decorado. Para una cogorza monumental el Candilejas puede que tenga su cosa. Si de lo que se trata es de conocer a chicas interesantes y atractivas creo que necesito un poco más de glamour para crear ambiente.

Otros dos de los lugares no tienen ni foto en Google maps (bueno, uno sí pero me da hasta vergüenza enseñárosla, porque es del estilo del Candilejas pero más sórdido y sale borrosa). Además se encuentran en un barrio del SUR. Es decir, donde las carreras pierden su nombre y empiezan a llamarse #X SUR. Por ahí, bueno, va la gente que sabe mucho de la vida y la ciudad. Les forasteres nos quedamos más cerca de casa. A menos que nos acompañen.

Ya van 3.

Otro es el famoso EVA, de Theatron. Bien, para quien no lo conozca, Theatron es un infierno para incautos donde van a morir de garrafón (barra libre de alcohol de curar heridas) 10.000 almas cada sábado. Diez mil. Se anuncia como la discoteca más grande de América Latina pero puede que lo sea del mundo. Es famosamente de ambiente y tiene quién sabe cuantos espacios distintos, para supuestamente satisfacer todos los gustos musicales habidos y por haber. Una sala gigante de electrónica y, sobre ella, una azotea con diferentes puertas que dan a los distintos lugares.
EVA, además del ambiente lésbico, es el sitio de "rock". No sé si por lo primero o por lo segundo, la realidad del caso es que las veces que he estado en este espantoso lugar la sala EVA -totalmente iluminada de rosa y con Pink sonando de fondo- estaba desértica mientras que en el resto de espacios y en la azotea había muchísima gente.
Esta sala es el lugar perfecto para escapar del gentío si encuentras que te está dando un repentino ataque de pánico social, por ejemplo.

Nos queda el último lugar. Un tal Harem, en Chapinero. Tampoco he encontrado foto o más descripción que la dirección. Pero mis expectativas son bajas a estas alturas.

Se me ocurre la brillante idea de buscar en Facebook. Ya que, oye, esto de los grupos y páginas ahora se lleva más por ahí. 
De nuevo, busco "lesbianas bogotá" en la pestaña de Páginas:
¡Pero qué obsesión con el porno!
Por fin encuentro una asociación seria que se dedica a realizar actividades. No están muy activas y para saber las fechas exactas de los eventos hay que inscribirse a la lista de distribución de correo. Es decir, por algún motivo no quieren poner las fechas de forma pública. Igualmente, me inscribo. Algo es algo.

Entonces me fijo que, oye, también hay grupos bi. Vamos a mirar...
ERROR
Todas las páginas consisten en una sucesión de fotos cursis y mensajes anónimos clasificados, cada cual peor. Con el objetivo único de encontrar compañía. Ejemplo:

Todos los mensajes anónimos, ¿no?

Salgo de esta experiencia de investigación indignada. Con algo de asquete y sentimientos de soledad. En el parque al que llevamos a los perritos los domingos hay un "parche gay". Una zona de ejercicios donde los hombres claramente van a quitarse la camiseta para socializar, coquetear y conocerse entre ellos. En este mismo parque he visto más de una vez hombres de la mano.
En cambio, desde que llegué la última vez creo que llegan a 5 las parejas de mujeres abiertamente lesbianas que he visto. Una de ellas estaba en la marcha del orgullo y otra es la directora de la fundación más grande de derechos LGBT que hay y su chica. Vamos, que me muevo en esos entornos. Y nada.

Lo que me preocupa de la situación obviamente va más allá de mi propio interés y capacidad para encontrar una persona en estas circunstancias. Siento que se ha ido normalizando la homosexualidad masculina hasta cierto nivel en Colombia, o al menos en las grandes ciudades; pero las mujeres siguen muy reprimidas a actuar sobre sus deseos y su orientación por miedo a revelarse contra la imagen normativa que se espera de ellas.
Hacen falta feminismos lésbicos y bisex que empoderen.

Y DEJAR DE ESCONDERNOS.
(Sobretodo si queremos mojar algún día)

7 de febrero de 2017

Corazón partío

"Solo eres tan buena persona como logres serlo en tus peores momentos".

Una vez, un tío al que dejé me mandó una foto del culo de la vieja con la que estaba dos días después de nuestra última conversación. Con la excusa de contarme que solo estaba con ella para suplir una necesidad que yo le había creado.

Otra vez, uno de mis mejores amigos -mi hermano cósmico- utilizó el hecho de que habíamos dormido juntos para hacer daño a una amiga durante su ruptura con ella.

En otra ocasión, intenté pegarle a mi ex-novio por estar acostándose con otra chica cuando aún manteníamos conversaciones sobre cómo arreglar la relación. Me justifiqué en el hecho de que teníamos acuerdos de monogamia explícitos.

Si no eres -diría 'somos', pero después de esa ocasión me prometí trabajar en mí para nunca volver a cometer algo semejante- compasive, empátique y buena persona hacia tu compañere sentimental en un momento tan complejo como es la decisión de tomar caminos separados... ¿Puedes realmente considerarte buene?
¿Importa quién haya tomado la decisión? ¿O por qué motivos?
Creo que no.

Los sentimientos de las personas son cambiables y fluidos. Tú no has sentido lo mismo por nadie durante más de dos años, es ciencia. Entonces, ¿cómo mejor afrontar ese momento?
Opino que con calma, respeto, solidaridad.
Ambes deben apoyarse mutuamente en ese momento.

Cuando he tomado la decisión de emprender ese camino de paz, estuviera en el lado del receptor o del emisor del mensaje de partida, me ha ido mucho mejor.
No solo me he sentido mejor conmigo misma por no caer en la bajeza de despreciar a quien antes quería, sino que también he logrado conservar vínculos que de otra forma hubiera sido imposible mantener vivos. Años después, sé que mi ex-novio es feliz con su preciosa hija. Mi brother from another mother sigue viviendo en la música. Y, aunque lo otro es más reciente, conseguí tener una última conversación pacífica con el de la foto que estoy segura hará de nuestro próximo encuentro mucho más placentero que si se hubiera quedado en eso.
Sin humildad ni reparos, diré que gran parte del esfuerzo ha sido mío. Al preferir fluir desde un final hacia una relación sana aunque diferente; en lugar de caer en el mito de que si no es amor, debe ser odio, dolor, desazón.

No significa que no haya dolor en ningún momento. Que no se sienta. Negar que la pérdida, el rechazo, la soledad, e incluso la mella en la auto-estima de tal suceso existan sería absurdo. Consiste en comprender que la otra persona no te ha infligido nada de eso por maldad o deseo de verte heride. Simplemente obedece su propia necesidad de ser feliz, su búsqueda personal de comprensión y compañía que de alguna u otra manera ya no te incluyen.
¿Es personal? Sí. Por supuesto, por eso se llaman relaciones interpersonales.
¿Es la otra persona responsable de tu dolor? De ninguna manera. Tanto como lo sería aquella que, buscando su propia felicidad y alcanzar sus objetivos profesionales, se va de casa de sus padres y estos quedan con severo síndrome de "nido vacío". No está buscando el hije hacer daño a los padres, sino perseguir su independencia.
¿Puede quien marcha ser compasiva, solidaria y empática hacia tu dolor? Debería. De eso trata todo esto.
¿Hasta qué punto? Ahhh... Interesante. Pues yo digo que hay que insistir en la compasión, pero toda paciencia tiene un límite. Si el recepter del mensaje de partida insiste en bombardearte con el mensaje de: "Me has dejado el corazón partío", tratándote vez tras vez de saco de lágrimas o de boxeo sin vistas a una próxima recuperación... Es momento de partir -con o sin adiós-.

2 de enero de 2017

La Habana

En resumen, me he sentido como un perrete chico.

Si hubiera apuntado el número de veces al día en que algún señor me hacía "muchh muchh" como si llamara a un can tendría una libretilla llena de palitos.
Y más de una grosería.
Lo peor los hombres viejos. Esos se cruzaban en mi camino para meterse en toda mi cara a decir "chica guapa", invadiendo mi espacio personal sin ningún reparo. A alguno, además de ignorar vilmente, daban ganas de responderle "y tú hombre feo". Pero tampoco es así como se solucionan siglos de mala educación en el uso y abuso de la mujer como objeto para el disfrute del hombre a su antojo.

Claro, que la turistilla despistada tampoco ayuda a la re-educación. A más de una vi casi ser atropellada por sonreír embobada a los piropos que recibía con el cuello a punto de los 180º.

Cambiar la idea de las mujeres de ser simple carnaza a personas merecedoras de respeto y dignidad en el imaginario colectivo es un trabajo que nos corresponde a TODES.

Escasez, en muchos otros sentidos... Para quien le interese saber de aquello. De alimentos, de materia prima, de medicamentos... De libertad.

18 de diciembre de 2016

Gallinas y fachas

Parchar (pasar tiempo, quedar, salir) con españoles en Colombia tiene sus ventajas y sus desventajas.

Una de las ventajas es que te puedes pegar una fiesta nostálgica rollo remember comiendo queso, ensaladilla rusa y turrón cantando en el karaoke canciones de Raphael y Pimpinela. Suena moñas pero en el momento te ríes.
Otra ventaja es que compartes el acento, y por unos breves momentos no sientes la presión de ser una minoría en tierras lejanas. Suena a cuento, pero cuántos poemas no se han escrito sobre el exilio, la añoranza del hogar o cómo la migración económica es también forzosa.

Una de las desventajas es que la gente que viene no siempre hace el ejercicio de abrir un poco su mente antes de llegar.
Así, una puede descubrir maravillas durante el karaoke como que existe una categoría literal en Youtube llamada "música plancha" donde puedes encontrar "lo mejor de la música para planchar"; un amplio repertorio de canciones de amor. Que no digo yo que ponga nada en el enlace, ni las canciones den a entender que solo lo puedan escuchar mujeres; pero la categoría rechina.

Así, se les explicó el proceso de ligar a dos de las mujeres presentes, hablando de otro que no se encontraba allí y no se había decidido por ninguna de ambas como: Cuando un hombre ve a una mujer es como cuando un zorro entra en un gallinero, las gallinas os ponéis a corretear como locas y claro, en la confusión el zorro se queda quieto. ¡Las gallinas os tenéis que quedar quietas! A lo que el amigo responde: Gallina quieta va pa' caldo.

Finalmente, y en un tema NADA relacionado con el feminismo -o sí, porque los tradicionalismo suelen ir unidos-, os cuento del españolete patriota. Este es el personaje que cruza los mares, es acogido por esta amable cultura, ofrecido cientos de oportunidades que jamás tendría en España, logra hacer una fortuna a costa de ello y a pesar de todo trata a la gente de tercermundista, brutos, ignorantes y cualquier otra cosa que en ese momento se le cruce el magín. Puede ser reconocido por su salvapantallas de la bandera española en el móvil. Cree que el PP no es malo, que los ladrones son solo unos pocos pero no es culpa del partido. Afirma que no deben entrar refugiados en España porque el 95% son terroristas, que la inmigración (y los jóvenes que piensan como yo) están llevando el país a la ruina. Y olé.
Mientras te dice todo esto, te llama cielo e intenta cogerte sin cesar de la cintura.
La ironía del conjunto escapa su diminuta mente.

A TOMAR POR CULO.

13 de diciembre de 2016

Cursi

¿Cuál es el lugar de un hombre cisgénero dentro del feminismo?

Este artículo de El Espectador, titulado a modo de reclamo "¿Pueden los hombres ser feministas?", hace un gran trabajo resumiendo la mayoría de lo que pienso respecto al asunto.

A mi cabeza le cuesta hacerse a la idea de verme rodeada de hombres a los que esto -que el feminismo es un espacio creado por y para las mujeres, que su privilegio en esto es igual de automático por ser hombres que por ser blancos en asuntos de etnia- les parece amenazador.
Esto me ocurre porque yo, como muchas mujeres, no crecí feminista. Yo fui criada, educada y estaba rodeada por los mismos constructos heteropatriarcales que perpetúan la opresión: que niña tan guapa, no te ensucies, da dos besos, cuidado con lo que comes que luego te sale tripita, qué de pelos tienes en las piernas, mmm pero qué cosita tan mona ¡está para comérsela!
Yo he tenido la fortuna de aprender el feminismo, para gran provecho de mi auto-estima y empoderamiento. Y curiosamente, han sido hombres primero quienes me despojaron de falsas creencias sobre mis obligaciones "como mujer". Aunque más tarde sí he conocido grandes mujeres feministas, estamos tan programadas que en ocasiones somos nuestras peores enemigas.

Fue AJ, un chico bastante más joven que yo que conocí en la universidad con una mente brillante, quien me corrigió al decir: Eso no es nada femenino, respondiendo que "femenino" es un adjetivo perteneciente a "female" (mujer), y por tanto todo lo que decida hacer una mujer es femenino por definición. Luego me echó una charla sobre la lucha de la mujer con la cual, en ese momento, no estaba nada de acuerdo y me pareció radical en extremo. Qué de vueltas da la vida.
O la persona con la que más tiempo he convido quien, sin dudar un segundo, al decirle: Tengo muchos pelos (refiriéndome a mi "deber" de depilarme) me respondía con cariño: Yo más. O me insistía en parar de sacarme con pinzas los pelos de la cara porque: Ahí no hay nada.

Por eso, mi cabeza no lo entiende. Tener que oír una frase como: ¡Qué bueno poder hablar de cosas inteligentes con una mujer! Me resulta de todo punto intolerable.

Llegando al quid de la cuestión... El feminismo NO DEBERÍA VENDERSE como una serie de ventajas para los hombres. Que sí, la lucha contra la hegemonía del patriarcado capitalista que nos tiene a todos subyugados viene con sus recompensas. Pero no se trata de que vayas a poder expresar tus sentimientos más, sino de eliminar la connotación negativa que tiene la sensibilidad emocional por ser asociada a la mujer [histérica, llorona, inestable]. No se trata de que te liberes del peso de mantener económicamente el hogar -para cargas familiares investiga sobre la pobreza y riesgo de exclusión de las madres solteras-, sino de realizar un reparto igualitario en las tareas tanto dentro como fuera de casa. Ni de que puedas trabajar de lo que quieras sin prejuicio -enfermero, profesor de guardería-, sino de romper el techo de cristal y que se deje de asumir que la economía de cuidados es exclusivamente nuestro deber.

Por tanto, en el caso hipotético de un hombre liberado y en contacto con su emoción, estamos ambos en el mismo derecho de expresar lo que sentimos. Él sus sentimientos (sobre lo que sea), yo mi ausencia de ellos. El feminismo dicta que se deje de asociar el sentimentalismo con la feminidad y lo negativo, no que la feminidad -o masculinidad- deba estar siempre receptiva a lo sentimental.
Porque eso ya depende de estados de ánimo y mente, no de asuntos de género.

Si además me hablas de sentimientos relacionados con ideas del amor romántico muy posiblemente te llame cursi o ñoñe. No porque no respete tus sentimientos. Sino porque los percibo como una imposición sobre mí y mi libertad. Porque son incompatibles con lo que yo deseo y busco en una relación interpersonal. Lo cual, entendiendo todas las implicaciones de la mayoría de sentimientos y creencias que acompañan al amor romántico, es lo lógico.

Creo en el amor entre las personas, pero no en el mito. Un amor sobre los pilares del cuidado, el respeto, la honestidad, el aprendizaje mutuo, auto-conocerse y el interés por conocer al otre, aceptar la fluidez de los sentimientos y la individualidad e independencia del otre.
No soy tuya ni eres mía. No nos necesitamos para vivir. Que ame a otres (a mi madre, a mis perros o al árbol de la plaza no significa que te ame menos; el amor no es un recurso limitado). Que me quieras solo para ti no significa que me quieras más o mejor, es posesivo y me asusta. Seguramente no nos sentiremos así siempre. Ya era una mujer entera antes de conocerte.

Así que, por favor, NO SEAS CURSI.

10 de diciembre de 2016

Tinder

Vamos a empezar por dejar claro que poco bueno puede traer (para ningún género) haber reducido el arte de la seducción y las diversas etapas del flirteo a un movimiento con el dedo hacia la derecha o la izquierda sobre una pantalla, que puedes realizar hasta sentada en el inodoro.

La aplicación es de por sí heteronormativa.
Comenzando por que solo se puede seleccionar entre dos géneros. 
Esta exclusión de la diversidad está presente en prácticamente todos los formularios online, por cierto. Incluso las solicitudes de empleo de organizaciones como Naciones Unidas ignoran la certera evidencia de que el sexo -véase intersexualidad- y la identidad de género son mucho más que una dicotomía.

Más allá, si como mujer en Tinder seleccionas "ver" hombres y mujeres, la aplicación va a mostrar un 99% de hombres con alguna mujer raramente intercalada. En cambio, si seleccionas ver únicamente mujeres, igualmente de vez en cuando van a salir resultados de hombres -en una proporción aproximada de 3 por cada 10-. Vamos, que el algoritmo no concibe a una mujer a la que no le gusten los hombres.

Esto en cuanto al jueguito.
Ahora los usuarios, que también tienen lo suyo.

Existe la posibilidad de poner fotos (hasta 6 creo) y una descripción de perfil. ¿De verdad la gente puede juzgar si le interesa o no una persona sobre un papel en blanco? Abrumante la diferencia entre Colombia y España. En casa, casi todo el mundo tiene un algo puesto, aunque sea el típico "1,84". Aquí, oleadas de tíos que sinceramente esperan pescar algo con el único reclamo de su (a veces dudoso) atractivo físico y material. La crítica sobre esto es más que nada a la superficialidad que se nos atribuye -y la del proceso en general-.
Y va una, que se molesta en tener la descripción suficientemente clara para evitar perder el tiempo porque ya bastante absurdo es todo, y aun así más de una vez hay que aguantar cosas como:
[Después de 20 minutos chateando]
- No había leído eso de sin alcohol, ni tabaco o drogas
Bastante radical
Yo no podría
Llevo tiempo sin emborracharme feo
Pero una pola (birra) después de jugar al futbol refresca más que una gaseosa
Y una pola no es tan mala
[Frustrada y decidiendo que, definitivamente, mejor ser monja] 
- Ya, si yo no digo que sea malo
No es para mi
Respeto que otros beban, fumen o lo que sea
Simplemente busco divertirme de otras formas y por eso lo pone

SON CUATRO LINEAS DE PERFIL. ¿En serio represento para ti, hombre cualquiera, algo tan vacío que más allá de mi foto no vas a poner atención a nada? Ya me queda claro el modelo de relación (sea del tipo que sea: amistosa, sentimental, sexual, mística...) que me puedes dar. Y gracias, pero no, gracias.

Luego está la parte del cyberacoso.
Tinder tiene funcionalidades que permiten anexar Spotify -con el propósito de mostrar tus gustos (o disgustos) musicales- e Instagram -con la intención de enseñar más de 6 fotos, tu arte, o la comida que fotografías-. Así puedes saber más de la persona antes de tomar una decisión. Por ejemplo, si pone que su canción favorita es "La Bicicleta - Carlos Vives" es un NOPE. Aún no tengo ejemplos de LIKE por gusto en música, una verdadera pena.
El caso es que creo que un acuerdo tácito en Tinder es que vivimos nuestro contacto dentro de la aplicación hasta que, por mutuo interés, salimos a WhatsApp, a una cita en el mundo real o lo que se tercie. La presencia de mis datos de Instagram son una invitación a ver las fotos, nada más allá. El acuerdo implícito es que nos comunicamos cuando exista un LIKE correspondido por otro LIKE. Si mi perfil pasa por el tuyo y no hay "match", se siente, juega otra vez. Si no me has interesado en la aplicación, ¿qué te hace pensar que:
1) Seguirme en Instagram
2) Dar ♡ a todas las fotos jamás publicadas con mi cara/cuerpo
3) Mandarme un mensaje tipo: Hola, te vi por Tinder
Va a conseguir lo que tus 6 fotos y nulo perfil no ha logrado?
Ahora lo que tengo es miedo. No por ti y tu patético intento. Sino por el estado en el que se encuentra la educación sobre la comunicación entre sexos. Alguien tuvo que enseñar a estas personas habilidades relacionales. Cuando el episodio se repite empiezo a cuestionarme que algo va mal con la sociedad. Esto, de nuevo, tampoco va sobre si eres mujer u hombre. Aunque no me imagino a ninguna tía ligando así, cosas peores habrán hecho. Sino sobre las brechas que hay en nuestra forma de relacionarnos y comunicarnos, de donde vienen y a dónde van.

DA QUE PENSAR.

8 de diciembre de 2016

Kinder Sorpresa

Soy una "joven adulta", esa edad en el limbo entre asumir por completo mis responsabilidades como miembro operativo de la sociedad y rezagos de inmadurez. Por ello, aun tengo un gran mono morado de peluche con el cual duermo muchísimo más a gusto y me encantan las chuches. Aunque sé escribir un CV mejor que muchos cincuentones, soy experta en búsqueda eficiente de empleo y en sobrevivir con un presupuesto irrisorio.

Al lío...
Entre mis chuches y guarrerías favoritas se cuenta el Kinder Sorpresa. Para los que no hayáis tenido infancia, es esto:
Un delicioso huevito de chocolate con leche, que dentro trae un juguete con el que entretenerse de 5 a 20 segundos armando -a veces viene ya entero y pierde mucha gracia-. Este juguete tiene una vida útil muy limitada, puesto que es una baratija MADE IN. Pero descubrir lo que viene dentro es gran parte de la experiencia.

El caso es que hace un par de años a la compañía Ferrero se le ocurrió la brillante idea de segregar un producto perfecto en dos: "para niño" y "para niña".
Mi cara cuando el tendero me preguntó por primera vez cuál quería debió ser un cuadro. De hecho, estaba con mi madre y expresé en voz alta mi confusión. Desde ese momento, entro en crisis cuando se me antoja un "huevo Kinder": ¿Debería seguir comprando este producto? ¿Cuál elijo? ¿¡Es que nadie va a pensar en les niñes!?


Lo que más me preocupa de este asunto es, sin duda, el momento en el que ha ocurrido. Todas sabemos que hay desodorantes y cuchillas de afeitar segregadas por género que, siendo el mismo producto encima cuestan más. Pero eso ya existía en el S. XX. Me inquieta el hecho de que una compañía considere oportuno generar más -en lugar de reducir, o dejar por igual- la división de género bien entrado el nuevo milenio. Que conscientemente se tome una medida para abrir la brecha de la desigualdad en los tiempos corren me parece escalofriante.
Ahora que lo escribo... La verdad que no vivimos unos tiempos nada integradores en ningún otro sentido (nacionalidad, etnia, religión) así que no sé por qué me sorprende tanto.

UNA PENITA TÓ.

En todo caso, si os indigna tanto como a mí, podéis escribir aquí a Ferrero. O hacer lo mismo con cualquier otra compañía de productos segregados por género que consideréis. Ningún esfuerzo es pequeño.

7 de diciembre de 2016

Tríos

Es machista si...
Pretende estar a favor de la monogamia porque cree que las personas solo pueden crear vínculos sentimentales únicos y verdaderos con una persona a la vez. Dice que busca conectar solamente con una persona especial en cada momento. No cree que se pueda dar atención a tanta gente de la forma en la que se merecen. No acepta en ninguna de sus formas una relación abierta o poliamorosa.

Pero cuando le mencionas que, por ser bisexual, tienes la necesidad de estar también con mujeres... Ahhhhhmigo. No te preocupes, princesa, que eso lo arreglamos. Tengo una amiga a la que le encantan los tríos. Te traigo una chica, pero no te enamores.

ERA UNA PRUEBA.

No preguntes sobre meter a personas cisgénero XX en la relación antes de saber si hay acuerdo sobre términos abiertos sin distinción de género y sexo. El algodón no engaña.

Vamos, cada uno lo que quiera y le haga feliz. Pero poliamor igualitario o nada de darle a Don Juan el gusto. Lo más seguro es que no vaya a tratarla con respeto, se ponga celoso si queréis seguiros viendo a parte, o vete tú a saber. Encima tendrás que estarle "agradecida" porque te concede tan magnánimamente los placeres. Al fin y al cabo lo hacen únicamente por ti. Venga ya.

Disclaimer: Aclaro que no tengo nada de nada en contra de la monogamia y me resulta una opción perfectamente respetable para aquellas personas que conscientemente la practiquen. Empero, si como hombre cis te adscribes a tal opción relacional y a la primera oportunidad de un trío en con dos mujeres renuncias a ella... Lo que eres no es monógamo sino un caradura que no quiere compartir su "cacho de carne" con otros tíos por celos y demás constructos de lo que consideras tu propiedad.

6 de diciembre de 2016

Rosas Rojas

Como mujer medianamente atractiva (perdón por la falta de humildad así de entrada), con la gracia adicional de ser extranjera en una tierra en la que eso se precia sobremanera, no ha habido escasez de pretendientes -serios y transitorios-.

La primera diferencia, de entrada, entre un tío español y un man colombiano se da en que estos últimos asumen que te vas a sentir halagada por su atención. Por supuesto, hay babosos en todas partes, pero la coquetería generalizada con la que las mujeres aquí suelen responder a los halagos ha generado un imaginario ficticio en los hombres de que esto es lo que gusta. Y no. No estoy culpando a la hembra, sino al constructo socioeducativo que le enseña a responder siempre sonriente y remolona a cualquier piropo a pesar de no ser deseado. Una de las principales quejas de la mujer colombiana es lo mucho que los hombres "endulzan la oreja". Mucho ruido y pocas nueces, vaya. O que en el WhatsApp todas somos "princesas hermosas de la boca de fresa", pero en el trato hay una inmensa carencia de cuidados reales y sentidos.

Como una no es de barro, a pesar de la brecha cultural quedo a tomar cafés y lo que surja con aquellos de los interesados con mejor hoja de vida (léase CV en España). El resultado cada vez es una terrible frustración entre la persona que siento que se impone externamente y lo que a mí me gusta realmente y me hace feliz. Un papel al que sería demasiado fácil amoldarse si no fuera tan inequitativo que hace rechinar mis ovarios.
Nunca me he considerado particularmente feminista. O al menos nunca he sido activista del feminismo más allá de salir a la calle sin depilarme en pantalón corto. 
Pero es que aquí hierve la sangre.
No es que no me gusten los halagos, a nadie le amarga un dulce. Pero deja de llamarme bonita y empieza a llamarme inteligente, valiente, fuerte. No me abras la puerta del coche como si fuera inválida, no estamos en el S. XIX (¡por suerte!). Si no puedo invitar de vez en cuando, voy a empezar a pensar que me crees incapaz de valerme por mi misma.
Ante todo: no me vuelvas a decir que estás a favor de la equidad de género pero el feminismo no te convence por A, B, C y D.

Feminismo = Equidad de género

Le hemos puesto el nombre nosotras y la lucha la damos las mujeres porque somos el colectivo históricamente oprimido. Decir que el feminismo impulsa políticas o visiones que pueden llevar a la opresión del hombre es dar el mismo discurso absurdo que los impulsores del lema #alllivesmatter ante la opresión negra en EEUU cuando salieron a la calle con su eslogan #blacklivesmatter. La lucha de los oprimidos la deben dirigir y coordinar ellos mismos, las políticas de discriminación activa son una medida correctiva pero insuficiente que nunca podrá paliar los cientos de años de heteropatriarcado dominante y abusivo.
Si no te gusta el nombre, te aguantas. O te informas, que tampoco vendría mal.

Si tenemos un debate sobre este tema, me cabreo y después me llegan unas rosas rojas no haces más que despertar la ira ancestral de miles de mujeres muertas. ¿Flores? ¿De verdad? Porque a todas las mujeres nos encantan. Porque somos tan volátiles y superficiales que con un regalito se nos suaviza el carácter. ¿Porque en el fondo me voy a dar cuenta que me he enfadado por nada y lo que quiero/necesito es un hombre que me consienta?
VAS LISTO.