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17 de febrero de 2020
¿A dónde va una relación de anarquía relacional?
Ayer, arrunchada en el sofá con M -una de las personas que tiene acceso a mi intimidad- tras una copiosa comida india, conversamos tranquilamente sobre nuestros deseos de cuidado mutuo y para las relaciones en general.
En lo que me pareció un inmenso gesto de cariño, me preguntó: "¿Cómo te gusta que te cuiden?"
Reflexioné en voz alta y con toda sinceridad que, por ambiguo que suene, depende enteramente de la relación. Reconocí tener expectativas de cuidado muy distintas para cada uno de los vínculos que actualmente conforman mi red afectiva. Conté que es algo misterioso cómo he llegado a crear esas expectativas. Aunque ahora, después de darle vueltas, creo que tuvo que ver con el reconocimeinto y la aceptación de lo que aquellas personas me pueden ofrecer en combinación con encontrar una necesidad mía satisfecha por ello.
Di un ejemplo empleando mi relación íntima no-consanguínea más antigua. Ó, a quien llamo mi espejo, alma paralela, gurú y muchas cosas más, es alguien que lleva caminando a mi lado ya 9 años. Nuestra relación ha pasado de lo erótico a lo platónico sin dejar nunca de tener esa potencia creadora del deseo de unión y conocimiento mutuo. Me gusta que Ó me cuide escuchando mis crisis emocionales, oyendo sin asustarse mis pensamientos más oscuros y sacándome con lógica de los agujeros más profundos. Es una dinámica recíproca de cuidados a la que hemos llegado con el tiempo. No es lo único que hacemos, pero sí lo más importante para mí de nuestro vínculo.
Leyendo entre líneas, añadí que los cuidados que me gusta recibir en el vínculo que tengo con ella son otros. Especifiqué los mensajes con cumplidos o preguntando cómo fue mi semana, los besos y los abrazos. Por esto de que el amor es reciprocidad, no altruismo, le pregunté qué cuidados deseaba ella en una relación.
Le conté a M que, tras varios años de anarquía relacional, no encuentro ninguna relación (ni siquiera con mi madre) que se enmarque estrictamente en las cajitas de familia, amistad o pareja como nos dicta la sociedad que debemos separar nuestros afectos. ¿Cuáles más, sino, hay? Pocas palabras adicionales tenemos. Queerplatonic, follamigx... Ahora, todos mis vínculos íntimos están compuestos por elementos mezclados de varios tipos. Podría intentar desgranar, como hicieron los griegos, cuánto de ágape, eros, philia, storge o xenia compone cada uno de mis afectos. Pero no lo necesito. Sé que son -como dice mi profe- cuerdas con hilos de varios colores las que nos unen, cada cual con más hilos de algún tipo.
Entonces, me dijo algo que me sorprendió. Por esto del efecto burbuja de pasar mucho tiempo en comunidades inclusivas donde nadie nos cuestiona. Es fatal. M me contó que alguien le había espetado: "Yo no podría estar en una relación que no sé a dónde va".
Reafirmé, leyendo entre líneas una vez más, que mi deseo era continuar viéndonos. Pero me quedé pensando.
¿Hacia dónde puede ir o va una relación, de la orientación relacional que sea?
Claramente, hablamos de la escalera relacional. Tenemos una imagen mental de cómo es nuestra relación de pareja ideal y cuales son los pasos para llegar a ella. El orden da igual y hay variaciones culturales o contextuales miles. Va de cómo llegamos desde que nos conocemos hasta conformar una entidad sexo-afectiva socialmente reconocida y con caracter reproductor. Y despues, ¿qué? ¿Hasta el primer conflicto irreconciliable? ¿Hasta que la muerte nos separe? Lo que yo no podría es perpetuar el mismo ciclo de creación y destrucción de parejas las veces que sea necesario hasta encontrar "la verdadera". Porque no creo que exista.
Esta idea de que las relaciones deben ir hacia adelante -en una serie de hitos imaginarios- me parece muy capitalista. Parte de una lógica de considerar positivo solamente el crecimiento, el avance o el progreso continuo. Asume que está bien solamente aquello que va progresando hacia un incremento (de cuidados, compromisos o tiempo compartido).
También creo que el énfasis en construir algo es muy reproductivo. No todas las relaciones necesitan ese componente.
Obligamos a los amores y a los proyectos a asumir esta lógica linear. Y yo me di cuenta que estoy muy contenta en lo estático, lo circular o lo espiral. Las relaciones lineares tienen un principio y un final. Así sea el fin último, la muerte juntxs para siempre, se asume que desenlazarán. La idea de querer saber a dónde va tampoco da lugar para la incertidumbre intrínseca. Por más que yo desee que algo permanezca, continue, cambie o crezca, dos personas conforman una relación.
Para mí, la anarquía relacional ha abierto las posibilidades a salir de este esquema obligatorio. He tenido relaciones que subían por la escalera y todos sus hitos normativos de pareja pero, al acabarse el deseo de cohabitar de una de las partes, hemos dado un salto atrás y nos encontramos ahora estáticos en una dinámica que mantiene componentes platónicos y eróticos pero no va a avanzar más. Vínculos que deseo fuertemente de forma erótica se encuentran demasiado lejos para tocarnos, llevando a transformar nuestra intimidad de formas más platónicas y a construir mucho más nuestra relación emocional. Amores con quienes no quiero tener contacto físico alguno me hacen sentir profundamente enamorada, con ganas de cohabitar y planear futuros conjuntos.
Además, estoy dispuesta y sé que todo esto puede cambiar. Porque cada vez que dibujo nuevamente mi constelación hay en ella personas distintas. Admito que la gente que quiero se aleja continuamente, se ocupa, decide ir por un camino diferente. Como J me dijo durante un duro duelo que no lograba entender, porque ella no me había avisado ni explicado nada sobre su ausencia, lo único que puedo hacer es decidir si quiero continuar con la relación en caso que esa persona elija volver a aparecer en mi vida. Y, si es así, darle la bienvenida cuando lo haga. Agradeciendo contar otra vez con su presencia.
19 de septiembre de 2019
Golfa
La canción de Extremoduro con ese nombre fue mi himno de juventud y juerga (farra). Antes que poliamorosa fui ninfómana y puta.
Me han dicho que yo no era bi, sino viciosa y me lo he tomado a mucha honra.
La letra escarlata la he llevado como una capa.
Porque las mujeres en lo que respecta a nuestro deseo erótico podemos ser santas, dejarnos someter por la culpa y ser estigmatizadas, o empoderarnos y defender el puterío a capa y espada. Utilizando la cosificación de nuestros cuerpos para nuestro beneficio.
No hay punto medio.
Y una vez allí, en el rol de guarra, tampoco hay posibilidad de marcar límites sobre nuestros cuerpos. Porque, ¡qué confusión! ¿Acaso no eras tú la mujer liberada y abierta a todas las propuestas?
¿No eras la rockera a la que le gustaba el exibicionismo, los azotes y mordiscos?
Sí, pero cuando yo digo.
¿Cómo? ¿Que no puedo poseerte como el objeto de deseo que he creado de ti en mi imaginación?
No.
Pues qué mala. Mala poliamorosa. Estás abusando de tu poder. Retaliando. Estarás celosa. Eso es.
Mierda, ¿por qué me siento culpable? Yo creo saber lo que quiero, mis límites en cada momento. Pero en mi identidad de golfa se ha integrado el deseo de complacer como forma de satisfacerme. ¡Vaya lío! Cuando la zorra tiene como narrativa la sumisión y la autonomía al tiempo... ¿Qué hago ahora con mi sexualidad?
Sigue siendo como una muñequita que dice a todo que sí.
¿Y si no? Porque no estoy segura que eso fuera nunca así...
Nunca conciliarás tu necesidad y tu deseo.
27 de junio de 2019
Red afectiva
Es en los momentos más bajos en los que se evidencia, siempre, la fuerza de una buena constelación. Creada, como las raices de las plantas, regando poco a poco cada día -o cada semana, según haga falta. Un rizoma que ha crecido cuidando a base de paciencia, confiando en que dará frutos (o por lo menos ofrecerá sombra bajo la que cobijarse) pese a que a veces es invisible a los ojos.
Entonces, tranquila y llena de compasión, quiero escribir para agradecer -aunque ya lo haya hecho individualmente- a todas las personas y momentos que me han colmado de cariño en estas últimas semanas. Porque es importante recordarnos que de todo se aprende y visibilizar también la contentura, para poder repetirla.
A la madre que me parió, aunque ha sido a quien más me ha costado explicarle, me ha acompañado desde el silencio con abrazos y besos. Me he colado en su cama una vez más cuando la soledad no me dejaba respirar. Me ha dado de comer. Hemos salido corriendo al hospital. Cuando por fin he encontrado las palabras, duras y asépticas, ahí ha estado. Por su paciencia. A ella, la primera que siempre está incluso cuando no lo parece. Gracias.
A la caleña que vive con nosotras quien, prefieriendo su espacio y soledad, me ha abierto las puertas de su cuarto. Que me ha recogido del suelo cuando me faltaban todas las fuerzas y era la única persona cerca. Porque ha hecho lo posible por darme mimos. Gracias.
A Julieta y toda su compasión, más de la que yo tuve con ella cuando hace un año estaba en mi lugar. Por venir corriendo a mi casa en bici a pasar una mañana entera. Por todos los burritos. Por recordarme que yo puedo. Por ayudarme a empezar. Por ser el respeto que no me tenía a mí misma. Por estar. Por sacarme a bailar. Gracias.
A Angelita, por sus cientos de canciones, mensajes místicos y memes. Por ver más allá de su carisma y avisar. Gracias.
A la Yopis, por dejarme llorarle a moco tendido recién salida de la selva. Por estar pendiente aunque tenga sus propias mierdas de las que preocuparse. Por ser siempre un rayo de sol y alegría. Por inspirarme. Gracias.
A la mujer con la que me casé. Que me ha escuchado de corazón cuando lo que decía no tenía mucho sentido ni siquiera para mí. Por abrirnos un espacio seguro de nuevo, con lo que implica y todas nuestras diferencias de tiempos (emocionales y materiales). Gracias.
A varias personas del desierto, que desde lejos me han demostrado dunas inmensas de amor:
Quien me ha leído cada pensamiento a diario, permitiendo un espacio libre de juicio para que no estuviera sola con mis ideas. Mandado abrazos cada noche y cada mañana, además de textos y vídeos para acompañar la reflexión.
Quien me ha dicho "te amo" cuando más necesitaba recordarlo.
Quien se ha masturbado conmigo desde Zurich a través de un ordenador.
Quien me ha contestado, en mitad de una boda, dudas teóricas sobre el poliamor. Y ofrecido hablar más en una mejor hora.
Quien me ha mandado fotos de su huerta desde Israel.
Gracias.
A mi antigua pareja, que me ha cuidado con música y ratas durante 3 años en la distancia. Por dejarme hablar sin tener ni idea de lo que pasaba y decirme francamente lo que pensaba. Por hacerme reírme de mí misma y de la vida una vez más. Fue mi primera sonrisa en tres días. Por el punk. Gracias.
A mi espejo, trópico de Cáncer y alma paralela. Por toda la terapia de reestruccturación cognitiva. Por protegerme de mí misma. Por quererme como sólo tú puedes, que es como me quiero a mí misma. Gracias.
A mi espejo, trópico de Cáncer y alma paralela. Por toda la terapia de reestruccturación cognitiva. Por protegerme de mí misma. Por quererme como sólo tú puedes, que es como me quiero a mí misma. Gracias.
A las nuevas relaciones que estoy comenzando, que venía hilando antes de que se hundiera este barco, por la paciencia y el cariño con el que me estáis cuidando. Por no huir de mi miedo a confiar y a la intimidad. Se pasará. Gracias.
A las dos personas que me están coqueteando sin misericordia, también gracias. Porque oye, una tiene además su orgullo y sienta bien saber que no es el fin del mundo ni del erotismo. Y las ganas venían de antes, aquí no engañamos a nadie.
Seguro que me dejo a alguien. La idea es recordar(me) que estoy muy rodeadita de afectos y agradecida por todo este (poli)amor.
19 de junio de 2019
Duele tanto que quema
Desde que te solté, me ha dejado de doler la cirugía. Así de somatizado tenía el dolor de sentir y creer que sólo valgo tanto como el placer que darte podía. Y no era mi imaginación, porque habías repetido en varias ocasiones frases que, amparado en el poliamor, ligaban mi potencial orgásmico a tu compañía.
«Si hay que esperar una semana más para follar, entonces sí que voy a buscarme a otra».
Búscatela, te dije todas las veces, pero no me hagas sentir que es condicional a mi capacidad de satisfacerte.
«Ay, tienes que aprender a entender una broma».
Ya, quizá.
Me duele y quema saber que yo podría haber sido más independiente. Que siempre podrás reprocharme haber pedido demasiado. Responsabilidad versus libertad. Compromiso o autonomía.
Que mi deseo, Eros, quiso ser egoísta y no tenía -a ratos- interés en picotear.
Me duele perder las noches de fiesta en Asilo ligando con otres mientras mirabas.
Me duele dejar de ver tus "me gusta" primero porque Facebook no reconoce ya tu proximia.
Me duele no ser más en quien confías para desahogarte.
Me duele despegarme de tanto dolor al que me había vuelto adicta, por masoquista.
Me duele admitir que yo, también, lo estaba creando al insistir en cambiarte. Cuando claramente, pese a saber que me causabas dolor, tú no querías.
Me duele que me alejes, aunque sepa que es lo mejor.
Me duele ser una más.
Me duele el miedo a hablar. Pensando que no seré creída.
Porque soy yo, finalmente, la que se ofusca si no lleva la razón. La que necesita siempre validación. La que levanta la voz con pasión cuando argumenta. Quien no sabe controlar su emoción.
Me duele ser una más.
Me duele el miedo a hablar. Pensando que no seré creída.
Porque soy yo, finalmente, la que se ofusca si no lleva la razón. La que necesita siempre validación. La que levanta la voz con pasión cuando argumenta. Quien no sabe controlar su emoción.
Pensé que no aguantaba tanto dolor. Que no cabía en mi cuerpo ni un ápice más. Que me rompía.
Pero era tu maltrato con lo que no podía. Se han erosionado, sin darme cuenta, todos los límites duros y blandos de mi autoestima. No me has pegado jamás, no si yo no quería. Pero muchas veces he pensado: «Si saca su rabia durante la sesión, será más amable conmigo en el día a día».
Me has convencido que nadie me querrá como tú lo harías: «Ojalá encuentres a alguien que te vea a través de mis ojos». Me has dicho más de una vez después de largas ristras de halagos que ni yo misma creía.
¡Cómo no ser dependiente a ese amor que te promete ser mejor que ningún otro!
No más. Dije por fin. Y otra vez me has castigado con tu rabia, rencor e ira. Nos prometimos seguir cuidándonos y -por no querer sufrir más- me invalidas.
Pero era tu maltrato con lo que no podía. Se han erosionado, sin darme cuenta, todos los límites duros y blandos de mi autoestima. No me has pegado jamás, no si yo no quería. Pero muchas veces he pensado: «Si saca su rabia durante la sesión, será más amable conmigo en el día a día».
Me has convencido que nadie me querrá como tú lo harías: «Ojalá encuentres a alguien que te vea a través de mis ojos». Me has dicho más de una vez después de largas ristras de halagos que ni yo misma creía.
¡Cómo no ser dependiente a ese amor que te promete ser mejor que ningún otro!
No más. Dije por fin. Y otra vez me has castigado con tu rabia, rencor e ira. Nos prometimos seguir cuidándonos y -por no querer sufrir más- me invalidas.
Pero estoy rodeada de amor. Me quiero a mí y a toda la gente que me acompaña. A mi madre, mi hermana putativa, a la mujer con la que me casé, a mi espejo-alma paralela, a las nuevas relaciones que estoy empezando, las amistades de cerca y de lejos, a quien me apoya aun sin tener ni idea y a mi "ex". Gracias.
No te odio. Te ámor. Por eso te deseo que veas, también, a través de la frustración y el dolor.
Y sigo firme en la decisión de estar aquí para ti, aunque sea de otra manera.
No quiero crucificarnos, aunque mi cabeza trate de reprocharme todo lo que podría haber hecho distinto. Escribo para sanar.
Confío en que podemos hacerlo de otra manera. No seguir alimentando la guerra.
11 de abril de 2019
Gracias por volver
A lo largo de los años, muchas personas en mi vida se han distanciado por diversas razones.
Trabajo, relaciones, conflictos que parecían imposibles de resolver... Cosa que me entristece profundamente porque he crecido escuchando que «todo tiene solución, menos la muerte».
Las que más o las que menos, todavía extraño a cada una de ellas.
Llorándole intimidades a un extraño, con quien me unen apenas unos granos de polvo que tienen la curiosa capacidad de exfoliar todas las capas sobrantes, escuché que en estos casos lo mejor es esperar con el corazón abierto.
No hay garantía de que una persona vuelva o no. Sin embargo es más fácil reconectar en el momento que decida hacerlo si le recibes con afecto en lugar de rencor.
No era el mensaje que esperaba, buscando solidaridad para mi duelo en el abandono.
Pero en la práctica me ha servido para sufrir menos.
Algunas personas han vuelto recientemente, y no puedo decir más que GRACIAS.
5 de abril de 2019
Ambiciosa
Hace un par de días, alguien me dijo que «me estaba volviendo ambiciosa».
La situación: me encontraba entre dos personas queridas, deseadas. Expresaba mis afectos hacia ambas mediante el contacto físico -abrazos, besos-. Si una de ellas se distanciaba u ocupaba, yo buscaba el acercamiento a la otra. Aproveché la compañía y cercanía con ambas para cubrir mis necesidades de manera continua.
La misma persona hizo otros comentarios, bromeando sobre lo mucho que se notaba mi estado de limerencia (enamoramiento para los mortales).
Por un momento llegué a sentirme culpable de expresar tan abiertamente mi deseo. Pero he desestimado la culpa como una emoción verdadera -me parece más bien la moralización o interpretación a través de juicios de valor de otras emociones-. Así que aquí me hallo, con intención de gestionar de manera colectiva algo que me parece interesante desgranar.
Creo que es una costumbre patriarcal bien jodida mirar a una mujer que expresa libre y abiertamente sus deseos erótico-afectivos y creerse con derecho a ridiculizarlos.
Me parece, además, que ridiculizar muestras de afecto de esta forma nace seguramente de una teoría de la escasez.
Si ser ambiciosa es querer cubrir todas mis necesidades. Lo soy.
Si ser ambiciosa es querer satisfacer mis deseos. Lo soy.
Si ser ambiciosa es expresar mi afecto abiertamente. Lo soy.
No tengo miedo a que se me gasten los besos. Ni el amor.
¿Y tú?
14 de octubre de 2018
Dolor
Tengo la mala costumbre de escribir aquí solo cuando estoy desbordada. Dando la impresión de que las cosas van muy mal. No es cierto. Simplemente esto es una herramienta más de gestión para mí. Y, como cualquier herramienta, solo la empleo cuando me hace falta. Igual que no vamos por la vida usando taladros si no hay cuadros que poner, yo no escribo si no tengo mierda que procesar.
Dicho esto...
Estoy harta. Muy harta. Esta semana he llegado a un límite emocional que hacía años no experimentaba. He tenido un ataque de ansiedad de esos gordos, de chillar y llorar hasta que se me caen los mocos. De verme sola y aislada de todo hasta tal punto que he pensado que nada de lo que hiciese en ese momento iba a importar. Lo más cierto es que no importa. Pero en el antropocentrismo en que vivimos, que no se sabe qué fue primero si el cerebro que se sólo se mira a sí mismo o la cultura que lo ensalza, el resultado es creernos que nuestra vida -la humana- es muy importante.
Muy importante para aceptar la muerte como un proceso natural.
Muy importante para reconocer que la extinción de algunos animales -incluidos nosotres- no significa el fin de la vida.
O quizá no es más que un rezago del instinto animal de superviviencia primigenio vuelto racionalización.
Sea como sea...
Desde la aceptación de la trivial insignificancia de mi existencia que resiste el último impulso de conservación, he sentido mucha tristeza pero sobre todo un dolor muy profundo y punzante. Dolor de vivir en un mundo donde una persona pueda llegar a sentirse así. Ante el reconocimiento de que el detonante de esta disonancia tiene una causa muy tangible e identificable: la indiferencia o ignorancia de quienes me "conocen" sobre el proceso. El "no querer ver". Dolor ante el individualismo tan brutal que me rodea. Pena desgarradora de sentir que, por más vulnerable que he estado dispuesta a mostrarme hacia otres, la verdad fundamental es que cada quien está(mos) tan sumido(s) en su(nuestra) propia película de mierda que ya puedo yo derrumbar muros y abrir murallas... No voy a encontrar más que desiertos y fortalezas en otres.
Gente tan creída de su dolor que, al igual que yo, no hacen más que lanzar piedras desde sus respectivos tejados a cualquiera que parezca mínimamente una amenaza. Lo lamentable es que, desde esos lugares permanentemente a la defensiva, muy difícilmente se ven las banderas blancas. Mucho menos, en ese estado mental, te paras a actuar con la compasión natural que surge en las personas cuando ves a alguien heride que muestra abiertamente su dolor.
Y desde aquí, desde todo mi dolor, os digo que no puedo más.
Que nos merecemos todo lo malo.
Que la gente que encuentra el amor que llevamos dentro se pudre rodeada de tanta indiferencia. Porque no hay nadie a quien dárselo o no sabemos recibirlo.
Y a mí se me está agotando el aire entre tanta mierda.
13 de mayo de 2018
ANONIMATO MIGRATORIO
Vivir a medias
Aquí y allí
Siempre extrañando
El trozo de mí
Que dejé en ti.
Vivir por partes
Allá y acá
Dejando pedazos de personalidad
En cada ciudad.
Vivir recogida
Sólo en los recuerdos
O en cuentos
Hilados por momentos.
Vivir, al fin
En palabras
Dichas y escuchadas
Una madrugada.
10 de abril de 2018
A quien me quiera
Primero, ponerme algo que grite dolor. Solo con música podré escribir esto.
Llevo algún tiempo enganchada a las palabras cursis del "Peores Cosas Pasan en el Mar" de The Secret Society. Lo sé, es mierda indie. Me da igual.
Está sonando una antología de Andrés Segovia, porque al final he pensado que lo que voy a escribir merecía algo menos pasajero.
A quien me quiera, quiero decir que lo siento. Que muero o mato por dentro.
A quien me quiera, dedico esto.
Somatizar, patologizar, normalizar, cosificar, instrumentalizar, utilizar, abusar.
Amar.
No entiendo por qué medios, ni si quiera estoy segura que importen, me convertí en lo que soy. No sé y me da igual si le pasa a otras personas. Sólo entiendo el dolor que me produce el aislamiento percibido. Que por causa de mi desconfianza y miedo, en lugar de tender puentes hacia los lugares aparentemente seguros; construyo muros. Fuertes.
Entre ellos, el dolor no desaparece. Pero al menos sí el miedo. Y me creo poderosa, independiente. Ya ni soy dueña de las piedras, que se catapultan solas contra quien se atreva a acercarse un poco más. Las veo volar, me siento incómoda. Encerrada en la torre. Deseando rendirme a la vez que preparo el aceite hirviendo. Pienso en tirarme sabiendo que nunca lo haré y me odio por ello.
Desconceptualizo las emociones para tener una excusa racional a mi frialdad. Pero ni yo me lo creo.
A quien me quiera, sigue intentándolo. En algún momento el muro cede. O eso espero.
3 de abril de 2018
Entre el deseo y la necesidad
Hay una brecha abismal entre la necesidad de experimentar satisfacción sexual y el deseo de poseer un capital sexual que conlleva inevitablemente a la obtención de una cierta cantidad de poder social.
La primera, totalmente válida, es una necesidad que se puede auto-satisfacer sencillamente con la frecuencia requerida. Sin prejuicio a la salud por ser meramente recreada de forma autónoma.
En cambio, el deseo de ejercitar la satisfacción de esa misma necesidad de forma social, copular, entre dos o más personas, incluye una fuerte carga cultural. Adiciona varios refuerzos que se han positivado a través de muchas fuentes distintas y a la larga se resumen en: la persona que logra consumar es mejor que aquella que no.
(Si no me crees, piénsalo desde el punto de vista evolutivo. Jodidamente simple).
Esas personas con la capacidad de interesar para el ejercicio de actividades sexuales al mayor número de personas son quienes poseen las cualidades que normativamente se consideran atractivas. Por ello, lograr consumar implica un aprobado en el sistema como persona válida según los cánones establecidos de belleza, inteligencia, habilidades sociales, neuro-capacidad, estatus quo, sentido de la moda, etc.
El conflicto -disonancia, surge cuando tú, alma en proceso de [de]construcción, vas y echas un polvo, ¿cómo te afecta? ¿Te valida? Seguramente. ¿Cómo disfrutas de un proceso inherentemente -físicamente- placentero sin caer en las garras del vacuo credencial que te aporta haber ganado puntos como persona socialmente validable?
Eso, sin empezar a hablar siquiera del meollo emocional.
Edit:
Tras una breve pero intensa charla con mi dios particular -ese gurú/terapeuta CBT/amor que todas deberían tener- incluyo algunas conclusiones más.
1. El deseo no es malo per se. Se puede desear sin necesitar.
Aunque esto parezca una obviedad, ojo a la lógica formal de la frase. Un deseo es más que una necesidad. Por tanto, los deseos no solo se quieren sino que se construyen como falsas necesidades. El detalle para desvincular el "daño" de un deseo sería, por tanto, reconocer que es algo que no necesitamos. "Me hace sentir mejor pero no necesito sentirme mejor".
2. Aceptar todos los deseos como igual de válidos. No es superior el deseo de destacar académica/laboralmente al deseo de comer algo delicioso o de recibir placer sexual. Todo deseo proviene del mismo lugar. Controlarlo, reprimirlo, negarlo genera frustración y ansiedad.
3. [La ilusión de] control no es inherentemente mejor al logro responsable del deseo.
Eso, sin empezar a hablar siquiera del meollo emocional.
Edit:
Tras una breve pero intensa charla con mi dios particular -ese gurú/terapeuta CBT/amor que todas deberían tener- incluyo algunas conclusiones más.
1. El deseo no es malo per se. Se puede desear sin necesitar.
Aunque esto parezca una obviedad, ojo a la lógica formal de la frase. Un deseo es más que una necesidad. Por tanto, los deseos no solo se quieren sino que se construyen como falsas necesidades. El detalle para desvincular el "daño" de un deseo sería, por tanto, reconocer que es algo que no necesitamos. "Me hace sentir mejor pero no necesito sentirme mejor".
2. Aceptar todos los deseos como igual de válidos. No es superior el deseo de destacar académica/laboralmente al deseo de comer algo delicioso o de recibir placer sexual. Todo deseo proviene del mismo lugar. Controlarlo, reprimirlo, negarlo genera frustración y ansiedad.
3. [La ilusión de] control no es inherentemente mejor al logro responsable del deseo.
19 de diciembre de 2016
Parces
Cuando estaba a punto de tirar la toalla y perder la esperanza en encontrar grupos afines a mi forma de pensar en asuntos de identidad de género y orientación sexual... ¡Oh, gracia divina del beibi yisus vestido de rosa! Conozco a la ONG "parces" (colegas, para los castellanos). Un grupo joven, enérgico y lleno de planes para articular acciones en red que beneficien a distintos colectivos vulnerables; entre ellos la comunidad LGBTI.
Así que este es mi entrada positiva de rigor. Si me lees desde Quibdó, entonces sabes que hago por mitigar mi mirada crítica con una contraparte que aporte esperanza a la situación. Aquí está. No todo está perdido. La resistencia hacia el heteropatriarcado persiste y la gente que la lleva acabo es bella por dentro y por fuera.
Lo primerito, comentaros sobre esa 'I' tan importante. Qué interesante me parece que un país tachado de necesidad esté más avanzado en la integración de la intersexualidad dentro del imaginario organizacional que trata la diversidad que Europa. Porque, ¿a que nunca habíais oído, españoles, las siglas LGBT con una I detrás? Pues sí. Nos estamos dejando en nuestros planes de inclusión un sector fundamental de la diversidad sexual. No dudo que exista alguna asociación aislada. Pero, ¿por qué están aislades de la macro-lucha por la diversidad?
Lo segundo, hoy ha sido una gran liberación. Cuando llevas un tiempo defendiendo tus argumentos contra machistas, en una cultura que normaliza ese comportamiento y esas creencias, empiezas a cuestionarte si estarás exagerando. ¿Será que soy una radical? ¿Estaré realmente llevando al extremo esto de poner en primer lugar el feminismo en mis relaciones sentimentales?
Gracias, es lo único que puedo decir.
Muchas gracias mis parces, por confirmarme que NO. Y que tengo aliades.
Ha sido maravilloso descubrir que las mismas respuestas que he recibido yo son cosa estándar en la cultura, que no tenía que explicarme a fondo porque ya debíais haberlo oído más de una vez ("¿por qué tienes que plantearlo todo desde la perspectiva feminista en lugar de hablar sobre nosotros, tú y yo, como personas?", "¿gestionar los celos? ¡cómo puedes emplear una palabra tan operativa cuando se trata de sentimientos!").
Pero la mejor muestra de apoyo ha sido, sin duda, cuando al comenzar la conversación sobre temas más personales yo dije:
- Perdón, que hablo muy alto, es que cuando me emociono levanto mucho la voz.
- "Si es que las mujeres emocionales hablan demasiado alto", ¡levanta la voz todo lo que quieras!, ¡me encanta! Y si a alguien no le gusta lo que oye, puede alejarse.
Respondió él. Y así es como empoderamos mujeres. Así, como borramos inseguridades creadas por años y años de opresión social.
Pero la mejor muestra de apoyo ha sido, sin duda, cuando al comenzar la conversación sobre temas más personales yo dije:
- Perdón, que hablo muy alto, es que cuando me emociono levanto mucho la voz.
- "Si es que las mujeres emocionales hablan demasiado alto", ¡levanta la voz todo lo que quieras!, ¡me encanta! Y si a alguien no le gusta lo que oye, puede alejarse.
Respondió él. Y así es como empoderamos mujeres. Así, como borramos inseguridades creadas por años y años de opresión social.
Desde el profundo respeto a las decisiones individuales de cada une, me alegro muchísimo de haber encontrado ideas, semilleros y planes de acción tan potentes.
PODÉIS CONTAR CON UNA MÁS.
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