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10 de octubre de 2019

Espacios más seguros

Allyson Mitchell and Paul Campbell Installation, Granny Square Wreck Room, Gladstone Hotel (2005)

En el activismo mencionamos con frecuencia el término espacio seguro a modo de reclamo para que las personas se sientan tranquilas y cómodas en los talleres, charlas y conversatorios. Creo que es necesaria una discusión en profundidad sobre este concepto, cuyo significado a veces asumimos sin que exista verdadero consenso al respecto.

Este texto pretende hacer un análisis completo a la par que breve. Por ello se asumen en él una serie de asuntos que son tangenciales al tema en cuestión: el conocimiento del contexto sociocultural en el que nos encontramos, una idea básica sobre el feminismo, una comprensión de la diversidad de identidades de género y orientaciones sexuales, entre otros.


Me surgen las siguientes preguntas, que abordaré una por una:
  1. ¿Qué es un espacio seguro?
  2. ¿Por qué hacer de un espacio activista un espacio seguro?
  3. ¿Cómo se accede al espacio seguro?
  4. ¿Quién garantiza la seguridad en el espacio?
  5. ¿Qué acciones y herramientas tenemos para mantener la seguridad en los espacios?
  6. ¿Qué acciones hacen que un espacio deje de ser seguro?
  7. ¿Qué opciones tenemos para reconstruir el espacio seguro?

1. ¿Qué es un espacio seguro?

Wikipedia tiene un breve artículo en inglés que concuerda con mi pensamiento. Los espacios seguros se crean con la intención de proveer entornos libres de juicios de valor a comunidades víctima de discriminación en la sociedad general. Por tanto, es fundamental distinguir entre un espacio seguro y un espacio libre de juicios de valor. El espacio seguro no es una terapia humanista, donde toda afirmación será recibida positivamente. El espacio seguro está pensado para proteger contra acciones, comentarios, opiniones e ideas que puedan potencialmente erosionar los derechos de un grupo minorizado. Es un espacio de acción afirmativa en el cual se priorizan las voces de aquellas personas que son ridiculizadas, cuestionadas y silenciadas en otros entornos.

Los espacios seguros nacen de aceptar y reconocer que los entornos normativos son insuficientes e inadecuados para atender las necesidades (sociales, legales, administrativas) de las personas minorizadas sin incurrir en revictimización.

En todo el texto empleo el término espacio seguro por brevedad, pese a entender que no existen como tal lugares 100% seguros, pues cargamos allá donde vamos todas nuestras creencias. La expresión empleada en el activismo para denominar estos espacios es, con frecuencia, más seguros.

En el poliamor es complicado crear un espacio seguro pues hablamos de una identidad atravesada por multitud de intersecciones (de raza, de género, de orientación sexual). Pero, ¿es imposible?

2. ¿Por qué hacer de un espacio activista un espacio seguro?

Sencillamente, para no tener que mantener los mismos debates de base una y otra vez cuando tratamos de elaborar en profundidad. Para no perder tiempo valioso de descubrimiento sobre la temática durante la charla, taller o conversatorio haciendo pedagogía. Porque ya conocemos el punto de vista del lado de la opresión y hemos escuchado los argumentos cientos de veces en boca de familiares, amigus, polítiques, revistas y guiones de película. 

Elaborando más, porque si el activismo existe como propuesta contra-hegemónica al del "deber ser", tiene una obligación moral en rechazar la normatividad impuesta. Como acción política.

Ya he dicho varias veces que el poliamor es activista, nos guste o no. Al menos en los espacios públicos de encuentro. Son precisamente las intersecciones que atraviesan a les participantes las que nos obligan a posicionarnos.  ¿Te imaginas un poliamor homófobo? ¡No! Dirás, el poliamor es cuir-inclusivo. ¿Puede haber un poliamor sexista? ¡Jamás, el poliamor es feminista o no es poliamor! Cuantas más intersecciones le añadimos, más difícil resulta sostener el argumento de que el poliamor es tan solo una práctica privada. En un mundo donde la norma sigue siendo la opresión cisheterosexista, un poliamor feminista y cuir inclusivo es activista. Y debe ofrecer, en sus espacios de reunión pública, seguridad para estas y otras intersecciones.

3. ¿Cómo se accede al espacio seguro?

Esencialmente, estar en un espacio seguro debería ser entendido como un privilegio otorgado por dos razones: la pertenencia a la comunidad discriminada y el compromiso a mantener seguro el espacio.

En ningún caso es un derecho universal e inalienable de les individues. Sino un privilegio condicional. ¿Condicional a qué y por qué? Depende enteramente del objetivo activista en cuestión. La opresión contra la que se desee proteger a la comunidad determinará las acciones que condicionan el acceso (más sobre esto en el punto 6). Y condicional porque, obviamente, sería mucho más complicado garantizar la seguridad del espacio sin vetar de él a quien no lo cuida.

Si no creen que el poliamor sea una identidad discriminada, echen un ojo a esto.

4. ¿Quién garantiza la seguridad de los espacios?

Aquí, contundentemente mi respuesta es todas las personas que participan de ellos. Tenemos una tendencia a la pereza, al individualismo, al egoísmo y a la difusión de la responsabilidad cuando nos encontramos en colectividad. Si todes disfrutamos del espacio, todes lo cuidamos. Sencillo.

Admito que los roles pueden ser diferentes. De nuevo, en este artículo explico las responsabilidades de los distintos perfiles en el activismo. La responsabilidad está íntimamente ligada a la seguridad. No puede haber espacios seguros si nadie se compromete a cuidarlos.

Les organizadores, voluntaries y referentes activistas por un lado y las personas participantes en las actividades, los espacios físicos y virtuales por otro son quienes deben garantizar la seguridad de los espacios.

Me parece fundamental entender que la responsabilidad colectiva es una extensión de la responsabilidad individual, no su opuesta. No se trata de elegir la autonomía frente a la subordinación. Sino de pensar, ¿cuáles son mis objetivos de seguridad? Si son los mismos que los de la comunidad, colaboraré para cumplirlos. Si no, quizá debería replantear mi pertenencia a ese grupo.

5. ¿Qué acciones y herramientas tenemos para mantener la seguridad en los espacios?

Este artículo de un compañero de Poliamor Madrid explica algunas de ellas, voy a enumerar esas junto con algunas otras de las acciones y herramientas disponibles a espacios activistas de cualquier temática.

Les organizadores, voluntaries y personas referentes del activismo pueden -en nombre de la organización colectiva que representan:
  • Crear y actualizar códigos de conducta, normas o principios rectores.
  • Llenar los espacios con gente de confianza, segregar por identidad (raza, orientación sexual o identidad de género), privatizar los espacios.
  • Realizar dinámicas grupales, talleres y charlas sobre seguridad en los espacios.
  • Modelar con el ejemplo.
  • Explicitar las necesidades de cuidado del espacio.
  • Delimitar las capacidades de la organización para proveer un espacio seguro (expresar lo que la organización no puede hacer).
  • Proveer rutas de atención, denuncia o acompañamiento claras e inclusivas* cuando el espacio ha dejado de ser seguro para alguien.
*Inclusivo, al igual que seguro, es un adjetivo que se refiere a la acción afirmativa en beneficio de grupos minorizados discriminados. No a favor de absolutamente todes, ya que eso generalmente beneficia a las identidades opresoras debido a prejuicios sistémicos.

Les participantes de los espacios, ya sean físicos o virtuales, pueden:
  • Conocer sus límites personales de seguridad.
  • Expresar cuando esos límites se han traspasado.
  • Aprender sobre el tema y las opresiones que lo atraviesan.
  • Saber sobre los códigos de conducta, normas o principios rectores del espacio.
  • Informar si se incumplen los códigos de conducta, normas o principios rectores.
  • Preguntar si creen que se traspasan los límites de seguridad de alguien más.
  • Buscar rutas de atención, denuncia o acompañamiento para restablecer el espacio seguro.

6. ¿Qué acciones hacen que un espacio deje de ser seguro?

Antes de escribir este artículo he leído sobre las políticas de espacios seguros en Nueva York, Londres, y Madrid. He consultado con personas que lideran comunidades poliamor en Paris. También he encontrado un maravilloso texto de Berlín al respecto. Pese a tener fines activistas ligeramente diferentes (en unos casos, ofrecer talleres sexo-positivos donde explorar la práctica erótica; en otros proveer entornos libres de prejuicio a la comunidad poliamor en los que dialogar sobre la vivencia en relaciones no exclusivas), afirmaré que las comunidades activistas encuentran la ruptura del espacio seguro en un mismo lugar

Un espacio deja de ser seguro cuando se traspasan los límites de una o varias de las persona que hacen parte de él sin su consentimiento, especialmente si son límites relacionados con los objetivos colectivos de seguridad. Vamos poco a poco.
  • Se transgreden los límites de alguien. Una o varias personas, desde su experiencia subjetiva -porque no puede ser de otra forma- reconocen y comunican que los límites respecto a sus necesidades de seguridad se han cruzado.
    Por ejemplo: Yo necesito estar en un espacio libre de sexismo para hablar abiertamente de poliamor y alguien ha hecho un comentario machista. Expreso esto al grupo.
  • Se desconoce, ignora o viola su consentimiento. Esto puede parecer redundante, pero no lo es. Mucho menos en comunidades que juegan con actividades y temáticas no normativas.
    Por ejemplo: Yo necesito estar en un espacio que me garantice privacidad o discreción sobre mi orientación relacional. Si alguien toma una fotografía en la que aparece mi rostro sin preguntar, tal vez lo haga por desconocimiento de mi límite. Si se han hecho públicas unas normas sobre no tomar fotografías, está actuando de manera ignorante al "hacer como que no se entera". Más, si pido claramente que no me saque en su foto y aun así lo hace, está violando mi consentimiento.
  • El límite que se transgrede está relacionado con los objetivos comunitarios. Los espacios seguros se crean con el objetivo de proteger a uno o varios grupos contra las opresiones sistémicas del entorno. Por tanto, es razonable que no se atiendan igual todos los límites cruzados.
    Por ejemplo: Si en un grupo poliamor se traspasa el límite de seguridad de una persona respecto a su propiedad privada (un robo de celular), es posible que se realicen algunas acciones y se cuestione la confianza en la comunidad. Sin embargo, no se iniciarán rutas de acción.

Sobre la temporalidad y el lugar de la acción

Las comunidades activistas suelen considerar como acciones que infringen el espacio seguro aquellas que suceden primordialmente durante las actividades y en los espacios -físicos o virtuales- compartidos por la comunidad.

Sin embargo, varias comunidades activistas mezclan el trabajo por la causa con las relaciones afectivas (BDSM, poliamor). Por ello, resulta cada vez más urgente valorar la necesidad de evaluar colectivamente los comportamientos y acciones de les individues que participan con regularidad en los espacios seguros; aunque se ejerzan fuera de ellos.

Por ejemplo: Yo soy amiga de una persona negra, quien me invita a compartir talleres sobre la salud mental afro. Yo le acompaño y acato las normas perfectamente; pero una tarde hablando del tema me salen los prejuicios y, siendo neuroatípica también, realizo comentarios racistas -de los que, quién sabe, ni me doy cuenta porque no es mi opresión. ¿Tiene que continuar compartiendo conmigo ese espacio cuando mi presencia lo vulnera? No. Un espacio seguro diseñado para varias opresiones que interseccionan buscará proteger el mayor número posible de ellas.

Hemos visto, además, demasiados casos en los que se emplean los espacios activistas y supuestamente seguros como cotos de caza para atrapar personas a las violentar límites en la intimidad. La dinámica intrínseca de algunos tipos de opresión sistémica (como la violencia de género) hace que sea imprescindible trascender las barreras de lo público si queremos construir comunidades verdaderamente seguras para quienes participan regularmente.

7. ¿Qué opciones tenemos para reconstruir el espacio seguro?

De todos los textos mencionados arriba, se pueden extrapolar algunas ideas. Primero, aclarar que aquí estamos hablando de teorías de la justicia. En términos muy simples, qué le corresponde a quién para que la sociedad sea justa. El objetivo del espacio seguro es crear condiciones más justas que las habituales. Nuestra reflexión a la hora de reconstruir un espacio seguro girará entonces en torno a cómo devolver ese equilibrio que se ha perdido mediante las acciones ya comentadas.

Desde un enfoque restaurativo o reparador hasta una visión correctiva e incluso retributiva, las opciones para reconstruir el espacio seguro son las siguientes:
  • Mediación entre las partes por un comité imparcial, compuesto por integrantes de la organización o -si es necesario debido a un conflicto de intereses- por un ente externo.
  • Ofrecimiento de perdón, disculpas (verbalmente o por escrito).
  • Aceptación de responsabilidad.
  • Compromiso de no repetición.
  • Garantía de realizar acciones formativas o terapéuticas relacionadas con el límite transgredido.
  • Acceso a información sobre la presencia en los espacios de la persona que ha transgredido el límite, para la persona que ha sufrido el daño y para la comunidad.
  • Talleres, charlas y conversatorios sobre seguridad para la comunidad.
  • Vetos al espacio: específicos (para actividades o roles concretos), temporales, indefinidos (hasta la petición de revisión por parte de la persona vetada).

En conclusión...

Todos estos conceptos se podrían desarrollar muchísimo más. Este escrito pretende ser un resumen y punto de referencia de las ideas que manejan actualmente las comunidades activistas poliamor y sexo-positivas sobre los espacios seguros. La tradición oral y las barreras del idioma a veces nos hacen perder de vista lo rica que es nuestra experiencia en soluciones para problemas, lamentablemente, más comunes de lo que nos gustaría.

La búsqueda de un balance entre límites y necesidades personales, colectivas y la expresión del deseo y la autonomía puede parecer compleja. Pero realmente no lo es. Hay líneas rojas muy claras y fáciles de identificar en lo que respecta a raza, capacidad, género o diversidad sexual que no se deben cruzar en el activismo. No caigamos en la pereza de no hacer nada porque es difícil encontrar el camino correcto.

Gracias a todas las personas que me orientaron en la búsqueda de información.

31 de agosto de 2019

¿Eres dueña de tu emoción?


Con tanto espacio para pensarse las relaciones diversas, cada vez somos más quienes nos creemos gurús del amor. El rollo con esto es que se mezclan en las conclusiones unas melcochas de conocimientos interdisciplinares atravesados, muchas veces, por empirismos proverbiales.

Hace tiempo soy defensora acérrima del saber derivado de la experiencia individual y colectiva. De ver más allá del academicismo impuesto colonialmente. No solo de Norte a Sur, sino de los centros a las periferias, de lo urbano a la ruralidad y así en un sinfín de opresiones múltiples ejercidas por los paradigmas contemporáneos y las epistemes hegemónicas.

Sin embargo, a veces hay pensamientos pop que se apropian de nuestra experiencia. O, vivimos la experiencia a través del lente de estas creencias masificadas. Hoy, el optimismo como valor es una de ellas. Otra creencia -errada- es la idea de la individualidad absoluta y nuclear de nuestras emociones. La desconexión entre causa y efecto social.

El mensaje masivo hoy en día en educación emocional es: "tú tienes el control sobre cómo te sientes". El McMindfulness, la secularización de los aprendizajes budistas sobre desapego y las intensas ganas de todes de fluir libremente han popularizado este mensaje. Un mensaje muy útil al capitalismo, por su potencial de desvincular las causas contextuales de sufrimiento (relacionadas a veces con desigualdades intrínsecas del sistema) de nuestro estado de ánimo. Y que ya tiene promotores vehementes en los círculos más íntimos del activismo feminista y poliamor.

Pero a este mensaje le falta una parte muy importante. La otra mitad. La responsabilidad colectiva. Para explicarlo, os rescato la idea sobre cómo funcionan las emociones -de acuerdo, admito, al conocimiento hegemónico. Aunque creo que veréis que la psicología tiene mucho de empirismo.

Las emociones tienen partes. No me tenéis que creer, están en Wikipedia.

  • La interpretación o evaluación cognitiva del evento, situación u objeto.
    Por ejemplo: Me insultan y yo evalúo, empleando todos mis aprendizajes sociales sobre el lenguaje además de mi conocimiento del contexto, qué significa ese insulto para mí.
  • Síntomas corporales o reacción fisiológica.
    Si el insulto me genera ira, se me acelera el pulso. Si me genera tristeza, provoca llanto.
  • Tendencia a la acción o componente motivacional de reacción motora.
    Quiero salir corriendo, insultar de vuelta o escupirle a la cara.
  • Expresión facial y vocal para comunicar tanto la emoción como la intención de acción.
    Pongo cara de culo.
  • Sentimientos o experiencia subjetiva del estado emocional.
    Me siento triste o enojada.
Aclaro que este proceso no es lineal sino simultáneo. Todas las partes ocurren a la vez y hay bastante consenso neurológico sobre la incapacidad humana de decidir conscientemente antes de actuar. Pero sin entrar en debates deterministas, continúo con lo que queda por decir.

Viendo todas las partes, creo y puedo hasta decir que no descarto completamente como vano un esfuerzo por modificar los pensamientos y creencias a través de las cuales evaluamos las situaciones. Si antes los insultos de "peluda" me causaban tristeza, ahora me causan gracia porque he modificado mi creencia sobre cómo me debo ver y cuánto me importa lo que otres piensen de eso.

También creo útil un mensaje centrado en atender la posibilidad de modificar la forma de gestionar la acción o reacción a la emoción. Tal vez ahora creo que puedo verme como me de la gana y tomar decisiones sobre mi cuerpo, pero que me llamen "peluda" sigue entristeciéndome por otras razones -me lo dice alguien que aprecio, lamento el ostracismo que representa. Sin embargo, entre insultar de vuelta, pegar a quien me lo dice o ignorar sus palabras hay opciones. Algunas nos parecerán mejores que otras.

Lo que me parece invisible de este proceso, en el mensaje que tanto insiste sobre la responsabilidad propia e individual de la emoción, es la acción que lo desencadena.
El insulto.

¿Dónde está, en nuestro mensaje, la responsabilidad de la otra parte?
¿Es un mensaje que construye responsabilidades colectivas y redes afectivas o individues atomizades? ¿Nos conecta? ¿Nos ayuda a cuidarnos?

Lo sé, vivimos en un mundo complejo y lleno de estímulos en el cual es difícil saber cuál fue el detonante inicial. En los conflictos reales podemos ir atrás en la cadena acción-reacción ad infinitum sin descubrir la chispa inicial, buscando culpables. Otras opción es reconocer yo lo hice mal, y preguntar ¿cómo te sientes? para romper el ciclo.

25 de mayo de 2019

¿Tus necesidades o las mías? II

¿Qué van primero? ¿Tus necesidades o las mías? ¡Las de todes!
Pues no.


Esta es la segunda parte. La primera la puedes leer aquí.


Decía en mi anterior entrada que todos los límites son legítimos, sin importar si son elegidos o impuestos. Pero, ¿qué pasa con las necesidades? Está claro que todes tenemos necesidades y su variedad es válida en cualquier caso.

Se me ocurren excepciones que tienen que ver con la forma de cubrir las necesidades, más no con el hecho de tenerlas. Por ejemplo: todes necesitamos intimidad física, algunas personas buscan cubrirla con menores de edad.

En el Ejemplo 2 que di, recordemos:

Persona A tienen una crisis emocional y necesita apoyo inmediato, se lo solicita a persona B en exclusiva (límite positivo y duro). Persona B se encuentra en una cita planeada con persona C. Persona B necesita atender la crisis emocional. Persona C necesita estar acompañada.

Aquí, las opciones disponibles las delimita la persona A, al marcar un límite duro. Solo hay tres. B se va a acompañar la crisis de A y la necesidad de C se queda descubierta (dos personas satisfacen su necesidad). B se queda con C y descubre la necesidad de A (una persona satisface su necesidad). B no acompaña a A ni a C (nadie satisface su necesidad).

Un factor que se tiene en cuenta con frecuencia -y no fue distinto en esta ocasión- es que unas necesidades parecen tener prioridad sobre las otras.

¿Quién elige eso? ¿Desde qué autoridad? ¿Cómo se mide cuánta necesidad?

Desde la filosofía utilitarista, no hay duda. La primera opción es la opción moral. El mayor beneficio para el máximo número de personas. Yo no soy utilitarista, porque las consecuencias a largo plazo son imprevisibles. 
Ejemplo: B acompaña finalmente a A, pero no soluciona la crisis porque no está en sus manos. O, C sufre una crisis emocional al verse desacompañade y sin nadie a quien acudir a esa hora. El "bien total" es inconmesurable.

El poliamor es, además, por definición una ética deontológica. Está basado en principios. Qué es lo responsable, qué es lo honesto, qué es lo bueno para todes aquí y ahora. Nos puede parecer un lío averiguarlo, pero ese es el compromiso al nombrarnos como tal.

Si recordamos la pirámide de Maslow hay una jerarquía de necesidades humanas supuestamente definida. Pongamos que nos guiamos por esto.

Parece claro y contundente asumir que el bienestar físico (respirar, comer, beber, dormir o resguardarse) está por encima de lo emocional, o... ¿Lo está? Es al fin y al cabo un asunto de supervivencia. Vamos a decir que sí. Lo importante aquí es que Maslow está hablando siempre de la prioridad en las necesidades cuando se trata de cubrírnoslas a nosotres mismes. Es una mirada individualista de la que peca con frecuencia la psicología.

En ejemplos como el que menciono -y muchos otros dilemas de las relaciones interpersonales- el conflicto viene de nuestra interdependencia. Necesitamos de otres para cubrir esas necesidades y depende de elles cuándo, cómo y de qué manera resolverlas.
Es en este momento cuando la responsabilidad afectiva se vuelve fundamental, porque a la hora de decidir qué necesidades priorizar, entran en juego absolutamente todas las dinámicas de poder sistémicas de las que es imposible escapar. Lo personal es político.

Cuando tengo una necesidad de afecto, y a la vez otra persona en mi red también la tiene... ¿Quién cubre esta necesidad? ¿Cómo elige cubrirla? ¿En qué orden? 

¿Será que lo que estamos midiendo es acaso... Vulnerabilidad? ¿Se puede medir la vulnerabilidad?
Yo creo que no. 

Para mí, una de las propuestas fundamentales del poliamor es volvernos firmemente conscientes de los momentos en los que somos nosotros (soy yo) quienes elegimos qué necesidades cubrir y cuales no. O qué necesidades atender primero. Estar muy alerta de en qué momentos me encuentro en el "privilegio" (la responsabilidad también se puede sentir como una carga) de escoger cubrir una, dos o ninguna necesidad. Ver si el sistema me está poniendo en la situación de medir lo abstracto y subjetivo: la vulnerabilidad ajena. Para así romper la dinámica de competencia por los afectos. Si solamente hay una persona en posición de cubrir la necesidad de acompañar a varies, organizarnos colectivamente para que nadie quede sin atención. Y reconocer, además, que la decisión final parte del deseo. Asumir honestamente que no se trata de ningún principio de superioridad moral sobre quién merece más que sus necesidades se cubran; sino que soy yo quien deseo dedicar mis atenciones prioritariamente a alguna persona en concreto me parece un aspecto fundamental de la responsabilidad.

De cualquier otra forma, estamos invisibilizando y borrando. Creando inequidades o reproduciendo las desigualdades sistémicas que puedan existir ya. Quedan en los márgenes quienes no quieren o no pueden seguir reclamando afecto de forma competitiva y violenta.

¿Tus necesidades o las mías?

¿Qué van primero? ¿Tus necesidades o las mías? ¡Las de todes!
Pues no.

En poliamor hablamos mucho de necesidades. 
El discurso tiene varias partes:
  1. Todes tenemos las mismas necesidades, pero maneras únicas y diversas de querer cubrirlas. Ejemplo: todes necesitamos comer, pero tú eres vegane y yo omnívora.
  2. Nuestras necesidades tienen límites, que pueden ser positivos, duros, negativos o flexibles. Ejemplo: yo necesito comer, pero no puedo comer marisco porque soy alérgica (es un límite negativo y duro - no quiero que pase, nunca). O intento comer 20g de proteína en cada desayuno (es un límite positivo y flexible - quiero que pase, cuando sea posible).
  3. La responsabilidad afectiva implica cubrir nuestras necesidades respetando los límites ajenos. Ejemplo: si yo necesito comer a la 1 pm todos los días (límite positivo y flexible), pero me acompaña alguien vegane (límite negativo y duro) y pasa la hora sin que encontremos ningún restaurante con comida para elle... Puedo ser responsable -en esta situación tan simplista que no tiene en cuenta ninguna otra necesidad por el bien de la ilustración: esperando a comer un poco más tarde pues mi límite es flexible o separando nuestros caminos y comiendo por mi cuenta. Si mi límite no es flexible, sólo puedo elegir separar caminos.
Creo importante destacar que todos los límites son legítimos. Sin importar si son elegidos (veganismo, la hora de comer) o impuestos (alergia). Respetar un límite es reconocer la autonomía y diversidad de las personas. Sin embargo, me parece necesario resaltar la decisión que tienen les individues sobre algunos límites; pues de ahí, tanto como de la decisión posterior respecto a cómo gestionarlos en colectivo (o individualmente), nace la responsabilidad.

Voy a trabajar con una serie de ejemplos -de mi vida real-, porque creo que aquí el meollo es que cada situación es verdaderamente única. 

Ejemplo 1:
Persona A está enferma y necesita llegar a casa1 lo antes posible (límite positivo y duro). Persona B está enferma y necesita llegar a casa2 lo antes posible (límite positivo y duro). Persona C no está enferma y necesita ahorrar dinero en el trayecto de transporte hacia casa2 (límite negativo -no gastar-).
Aquí, las opciones de lo responsable las delimitan A y B que tienen límites duros incompatibles. ¿Viven cerca y pueden "llegar lo antes posible" a la vez? O, ¿es necesario tomar rutas separadas? Una vez A y B acuerden, C podrá entrar a conversar con B (y con A en caso que vayan a ir juntes) si la ruta elegida será costo-eficiente o no.

Ejemplo 2:
Persona A tienen una crisis emocional y necesita apoyo inmediato, se lo solicita a persona B en exclusiva (límite positivo y duro). Persona B se encuentra en una cita planeada con persona C. Persona B necesita atender la crisis emocional. Persona C necesita estar acompañada.
Aquí, las opciones disponibles las delimita la persona A, al marcar un límite duro. Solo hay tres. B se va a acompañar la crisis de A y la necesidad de C se queda descubierta (dos personas satisfacen su necesidad). B se queda con C y descubre la necesidad de A (una persona satisface su necesidad). B no acompaña a A ni a C (nadie satisface su necesidad).

Sí, amiwis. Los límites duros delimitan las opciones de acción para las personas a nuestro alrededor. Esto no significa que haya que dejar de lado nuestro auto-cuidado y desechar o flexibilizar todos nuestros límites. En absoluto. Pero quizá vale la pena pensar, desde la responsabilidad afectiva, en qué posición dejamos a otres cuando los marcamos. ¿Les damos amplitud de elección? ¿Les obligamos a entrar en una dicotomía "elle o yo"? ¿Dejamos a alguien como C, con pocas opciones -o ninguna- de cubrir su necesidad?

¿Dónde nos estamos liando?

20 de febrero de 2019

Responsabilidad Activista


Esta semana han llegado a mí un montón de situaciones que me han hecho pensar cuál es el lugar de la responsabilidad en el activismo.

Y, como en mi vida personal todo va tan putamente bien que no tengo inspiración para los escritos, voy a reflexionar un poco sobre este tema. 

El activismo es curioso, porque se trata en su esencia de posicionarse frente al otre como el superior moral; casi siempre además pretendiendo no serlo, predicando tolerancia o suponiendo emplear medidas menos violentas que el otre para avanzar terreno.

De esta esencia del activismo, como acción que se posiciona en contra del otre u otres, surgen muchas oportunidades para ser responsable. O, en su defecto, irresponsable y descuidade.

No quisiera entrar aquí a debatir si el activismo es o no una acción de posicionamiento moral contra otras opiniones que se perciben como alteridades. La observación participante en cualquier grupo activista al azar (vegano, feminista, fascista, etc.) muestra con claridad la formación de identidades estratégicas en sus integrantes, ejercitadas con más fuerza cuanto más intensa la oposición.

El primer espacio de responsabilidad en el activismo es precisamente en el enfrentamiento ante la disidencia. Este punto no me interesa tanto, porque allá cada cual con su doble moral. No se puede "luchar por la paz". En este sentido, es interesante mantener los argumentos lógicos, formales y lejos de los ataques personales. 
Sirve tanto para pelear contra el otre normativo (carnívores para une vegane, machirulos para una feminista), como para argumentar contra el otre activista. Porque aquí no se salva nadie de ser visto como el enemigue. Cada vez más, los activismos se atomizan subestimando el valor de un frente unido. Imaginando opresiones por parte de quienes deberían ser aliades y obviando el problema de raíz.
No quiero decir con esto que no haya, por ejemplo, feminismos racistas, clasistas o tránsfobos. Claramente los hay. Simplemente me parece que enfocarse en luchar contra las mujeres que comparten una gran parte de su opresión contigo porque no se han deconstruido del todo ignora al otro que nos arrodilla a todas a la vez. Y así sucesivamente.

El segundo espacio de responsabilidad que se me ocurre es dentro del propio activismo. Este tiene más leña que cortar.
Cuando yo hablo de responsabilidad -una palabra decididamente ambigua- me gusta hacerme las siguientes preguntas: ¿Cuáles son las necesidades? ¿Cuáles son los límites? ¿Quién ejerce los cuidados? ¿Qué expectativas hay? Esto es porque para mí, la responsabilidad pasa por reconocer mis necesidades y mis límites, honrar los de otres y cubrirlas en la medida de las expectativas que he generado.

Emplearé Poliamor Bogotá de ejemplo, por tener la información más a mano. Pero todas sabemos de qué pie cojea esta mesa.

Así, si en Poliamor Bogotá yo ofrezco un espacio inclusivo y libre de prejuicios, estoy creando una expectativa de cubrir ciertas necesidades muy concretas. Mi responsabilidad recae en reconocer los límites de la organización para ofrecer dicha inclusión y ausencia de prejuicios. Porque, claramente, no somos omnipresentes ni todopoderoses. Aunque lo hagamos muy requetebien.

Esta responsabilidad dentro del activismo va más allá, creo yo. Una vez que reconozco los límites de la entidad activista, debo aceptar la autonomía de la responsabilidad individual. Sea de les integrantes (portavoces y representantes), o de les participantes en el lado receptivo del asunto.

Entonces, supongamos que cuento con individues desjuiciados -qué bonita palabra, eh- que se niegan a avanzar por el debido proceso de deconstrucción que obliga el sagrado poliamor. Y, en ese andar, llegan a nuestro taller desoyendo las normas que explicitamos por escrito y verbalmente con anterioridad en contra del machismo y otras formas de discriminación. Digamos que una de estas personas suelta, finalmente, algún improperio ofensivo en una mesa delante de varias personas. Otra vez: ¿Cuáles son las necesidades? ¿Cuáles son los límites? ¿Quién ejerce los cuidados? ¿Qué expectativas hay?
La necesidad será muy diferente dependiendo de los límites de cada persona en la mesa. Para algunes, simplemente continuar el taller; para otres será importante una llamada de atención o incluso el veto del ofensor en participaciones futuras. Quién ejerce los cuidados es clave aquí. Si la expectativa es un espacio inclusivo y libre de prejuicios, pensemos quién conforma y crea este espacio. Existe colectivamente, gracias a la participación activa de todes. No habría Poliamor Bogotá sin moderadores, pero tampoco sin participantes. Diferir la responsabilidad de cuidados jerárquicamente en dirección a unas pocas personas, sean moderadores, organizadores, o similar figuras de poder, solamente logra el efecto de disuadir al participante de su papel fundamental en salvaguardar las condiciones para cubrir sus propias necesidades. Es lo que ocurre en los Estados. La responsabilidad del activismo es recordar continuamente que los espacios son de creación colectiva. Teniendo en cuenta que soy yo quien determina, en última instancia, lo que significa inclusivo o libre de prejuicios para mí. Y que solo yo puedo saber mis límites respecto a cuándo se cruza definitivamente la linea de mi necesidad al respecto, por tanto es mi responsabilidad individual alzar la voz si quiero más inclusión o menos juicios de valor.

La responsabilidad colectiva -y organizativa- reside en hacer esta tarea lo más sencilla posible. Reforzando positivamente al individuo cuando lo hace y brindando las herramientas (rutas de acción, guías de comportamiento, etc.) con el fin de que no sea una opción capacitista.

En tercer y último lugar, la responsabilidad individual en el activismo se puede ampliar aún más.

Una de las formas que me parece importante destacar es la atención a los referentes de autoridad que creamos cuando somos ejemplo de visibilidad. A veces, parece que se nos olvida que cada una de las personas al frente de una organización, colective, página o comosellame activista representa el modelo a seguir de ese paradigma para muchísima gente -a veces miles de personas-. Gente que cuentan con menos privilegios, por vivir en una ruralidad sin acceso a eventos, por tener una familia que les discrimina... Y ven a quienes se suben a los podios del poliamor como ejemplos a seguir. Podemos repetir mil y una veces que "somos aprendices, que en esto no hay expertes, que cada camino es único". Y aun así graban a fuego cada una de las palabras que oyen. Por eso, creo que la responsabilidad individual en el activismo empieza por la humildad.

Desde aquí, mi sugerencia a quienes nos encontramos -buscándolo o no- en posiciones referentes es formarnos de manera continua. Pues si la necesidad de la comunidad es contar con figuras como modelo, creo que nuestra responsabilidad individual pasa por ofrecer información clara y veraz que contribuya a solucionar las dudas de quienes las tengan. Más de un caso hay por ahí de personas muy visibles que añaden confusión desde sus respectivos podios, enmarañando terminologías o mezclando ideas sensatas con jerigonza.

La responsabilidad individual ha de nacer también de quienes visitan los espacios de activismo. Porque es muy fácil reclamar un estándar de calidad a la organización activista que frecuento una vez al año o conozco a través de las redes sociales, pero ya cuesta un poco más poner horas de mi tiempo y energía voluntaria y gratuitamente en hacer reales todas esas magníficas ideas que tengo. La responsabilidad participante empieza por reconocer que mi necesidad en un espacio colectivo, más allá de los compromisos previamente comentados, también la puedo expresar y movilizar yo.
Empleando el ejemplo anterior, una medida generalizada de veto o sanción por parte del moderador hacia quien realiza el comentario machista no sería tan útil para cubrir las necesidades individuales como si la persona con el límite más bajo expresa su necesidad y sugiere una ruta de acción acordada por todes.

Así, reconozco conscientemente los límites que tiene la organización y las personas que la conforman. Cerrando el ciclo de cuidados.

16 de octubre de 2017

Soledad

Mis recientes circunstancias me han llevado a sentir extremos de soledad que nunca había soportado antes.

Como he aprendido recientemente que de las emociones difíciles también se aprende, me dispongo a reflexionar un poco sobre ello.


Del lat. solĭtas, -ātis.
1. f. Carencia voluntaria o involuntaria de compañía.
2. f. Lugar desierto, o tierra no habitada.
3. f. Pesar y melancolía que se sienten por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o de algo.


En estos últimos dos meses, para paliar mi aislamiento, he:
  • Hablado a las lagartijas de la casa. Aunque lo de hablar con los animales lo hago en otras circunstancias.
  • Abrazado a mi mono de peluche al dormir.
  • Llamado mil veces a mi madre.
  • Video-llamado a más de una relación de diferente grado. Incluso aunque solo fuera para estar acompañada mientras ambes trabajábamos delante del ordenador. 
  • Pasado tiempo con el vecino de abajo. Con los de al lado. Y con los borrachos de la tienda de la esquina. Tolerando requiebros indeseados y sonriendo halagos, con tal de pasar un rato de charla insulsa entre seres humanos.
  • Quedado más de una vez con el tipo de gente que, si no obtenían sus deseos sexuales de mi, perdían el interés en nuestra relación. ¿Superficial, no?
  • Buscado y acudido a eventos culturales.
  • Pasado horas infinitas en redes sociales.
  • Visto decenas de episodios de series.
Con todo eso, aun así he descendido a límites antes desconocidos de soledad. He procurado saberme acompañada desde la lejanía, y sin embargo he llegado a sentir físicamente el dolor causa del aislamiento y la falta de contacto humano.
No en vano, nos insisten desde la ciencia académica que la soledad mata. Y que las relaciones de calidad son fundamentales para la felicidad.

En mi auto-investigación sobre los procesos internos que sentía (siento), he descubierto que el abrazo sincero y espontáneo de une niñe paliaba mi angustia cien veces más que pasar tres horas entre compañeres del trabajo o con los vecinos arriba mentados. Que no todos los encuentros me saciaban por igual.
Por ejemplo, aquellas personas con las cuales podía conversar sobre temas altamente intelectuales me aliviaban mucho más la sensación de soledad que aquellas con quienes trataba simplemente de cosas mundanas. En retrospectiva, extrapolo de esto que la soledad podría definirse como la sensación de carencia de las necesidades provenientes de relaciones interpersonales. Dado que las necesidades de cada quien son únicas e individuales, así mismo lo es la experiencia de soledad.

Por eso es tan fácil sentirse sola en ocasiones en las que sobra la gente a nuestro alrededor. (¿Nunca te has sentido sola en una fiesta?) La soledad no tiene que ver con la cantidad de personas, sino con la capacidad -propia y externa- de cubrir nuestras necesidades de relacionamiento interpersonal.
  • Me siento sola porque hay un vacío intelectual. Las personas con las que interactúo no pueden proveer, en su mayoría, mis necesidades diálogo.
  • Me siento sola porque hay un inmenso machismo estructural. Las personas que quieren tocarme lo hacen desde una perspectiva de posesión y eso me quita las ganas de acercarme.
  • Me siento sola porque hay grandes facetas de mí que no encuentran foro ni compañía. La diversidad sexual todavía se oculta y siento que vivo una especie de mentira.
  • Me siento sola porque no encuentro con quien realizar actividades de ocio, aunque sea una persona que no supla mis necesidades intelectuales o de contacto físico. Para salir de casa acompañada en el tiempo libre.
Incluso he llegado a sentir vergüenza de mi soledad. Al expresarla en voz alta. Lo cual imagino es resultado de algún constructo social. En definitiva me alegro de avanzar por el camino de la educación emocional. Siempre será más fácil llenar estos vacíos mirándolos así, a la cara, y entendiéndolos, que dándoles la espalda.

He llegado a temer la soledad. Por momentos. Me imagino acostumbrándome a ella hasta el punto de no adaptarme nunca más a la sociedad.

Ahora que la entiendo mejor sé que eso no es posible, siempre tendré necesidades interpersonales. Tal vez no sean siempre las mismas, pero buscaré de una forma u otra cubrirlas. 

2 de octubre de 2017

Del abrazo al beso

Soy célibe desde hace seis meses.

Al principio lo sentía como una carga, algo que debía remediar. Buscaba, como agua en el desierto, personas que me atrayeran suficiente para dar el paso. Frustrada por la aparente ausencia de candidates «viables», de iniciativa por las otras partes, de gente suficientemente lo que fuera [guapa, inteligente, poliamorosa, feminista...].

Con el tiempo, empecé a cuestionarme por qué. ¿Por qué sentía la consumación sexual como una obligación? Sin darle muchas vueltas ni encontrar una respuesta más clara que: una mezcla entre la expectativa social y la necesidad fisiológica, comencé a quitarle peso al asunto y dejar de lado esa búsqueda.

Así, cuando llegaron oportunidades de acostarme con personas, las valoré desde una óptica completamente distinta que hasta entonces. En lugar de asumir mi necesidad como algo absoluto, la reflexión anterior me había hecho caer en cuenta de la carga cultural que me impulsaba anteriormente a consumar como algo predeterminado y no cuestionable.

Y me encontré en varias situaciones de las que he aprendido a raíz de ello.

He tenido que superar la vergüenza y el miedo a hacer daño a alguien que quiero profundamente, al decirle que no tengo el deseo de que nuestra relación pase de lo afectivo a lo físico. Sabiendo que ella sí sentía deseos de llegar a una intimidad física conmigo. Dudando, en todo momento, si se trataba de ella (no me atraía) o de mí (si tal vez había perdido mi libido o le había cogido miedo a la intimidad).
Y de esta manera, descubrí que se puede sentir amor sin que haya sexo.

Me he encontrado múltiples ocasiones sintiendo fuerte rechazo por el contacto físico o los avances de hombres. El aprendizaje feminista, junto con el cuestionamiento anteriormente mencionado respecto a asumir la imposición del sexo como lo obvio, lo natural, lo lógico, el paso siguiente deseable en una relación entre dos personas que se tienen afecto... Me ha llevado a estar tremendamente a la defensiva hacia comportamientos normalizados en el género masculino durante el cortejo (e incluso la cotidianeidad).
Me he desesperado ante los avances de amigos interesados en «algo más», cuando no me atraían ni me interesaba y había explicitado tal cosa múltiples veces.

Por ejemplo, no soporto que me toquen los hombros o la cadera en una fiesta para hacerme a un lado mientras pasan. En general, el contacto no consensuado por cualquier hombre que no tenga bastante familiaridad conmigo me pone los pelos de punta. Y digo hombre porque las mujeres somos, en general, menos dadas a establecer un contacto físico no buscado o consensuado con personas que no conocemos.

En definitiva, la carga cultural sobre la sexualidad es tan alta que pregunté a mi gurú sobre las dudas que este periodo me estaba generando. La respuesta: ¿Por qué crees que debes tener sexo?

Efectivamente, pienso que debo tener relaciones sexuales porque la sociedad me ha impuesto esa expectativa sobre la afectividad. Diciéndome que, de alguna manera, mis relaciones están más completas, son más verdaderas y consolidadas si incluyen un vínculo sexual. Puede que, químicamente, una parte del afecto se construya así (oxitocina y tal), pero no vamos a entrar ahora en eso porque ya hemos visto que no es imprescindible para que haya amor.

Entonces, ¿cómo desligarnos de esa carga cultural? ¿Por qué, cuando ya te quería antes, y había abrazos, se siente ese fuerte y brusco cambio al haber besos?

No lo hay, o no debería cambiar nada. La percepción del cambio de «estatus» en la relación es efecto de la carga cultural que acompaña a la sexualidad y sus expectativas de vínculo entre personas. Incluída la expectativa de exclusividad.

Estrechemos el salto entre el abrazo y el beso. Donde hay amor, la manera de mostrarlo es lo de menos.

26 de abril de 2017

Querer o Deber

Aviso: Esto no tiene que ver con el feminismo.
Es un tema que aparece de forma intermitente en mi vida y mis relaciones. Considero que la aclaración puede ser de utilidad para otras personas, tanto como lo ha sido para mí.

En algún lugar que no logro recordar, leí hace ya muchos años que es importante distinguir entre aquello que es una verdadera necesidad y por tanto se tiene o debe hacer. Y esas cosas que se desean, pero no se requieren para vivir. Aquello que se quiere hacer, conseguir, tener.

Para siempre, desde entonces, cambió mi forma de expresarme. Pero también de oír las peticiones ajenas.

Porque... ¿Qué necesitas realmente para vivir? Agua, alimento, sueño, cobijo. Recientes estudios demuestran que es necesaria la compañía de otros seres humanos para vivir saludablemente. (Más exactamente, que las personas solitarias mueren antes).

Más allá de esto, todas nuestras demás demandas son deseos. No necesidades.

Por ello, me rechina particularmente cuando alguien dice:

"No puedo. Tengo que [_insertar actividad opcional aquí_]". 
El trabajo, trabajo es. Vivimos en un engranaje sin escapatoria en el cual se ha vuelto el medio para cubrir nuestras necesidades de supervivencia. Cualquier otra actividad, por comprometida que se esté en ella, no ha de ser precedida por un "tengo que", sino por un "quiero". Ya. Lo sé, lo sé. Cuestión de semántica. Pero el lenguaje construye nuestra concepción del mundo.
Realmente, cuando decimos eso, nos referimos a que preferimos realizar la [actividad opcional] a la propuesta que nos plantean. Nadie nos está obligando a mano armada a tener que ir a nuestra actividad escogida. Podríamos, de querer, cambiar los planes. Pero no queremos.

Aclaro, inciso, que me estoy refiriendo a actividades de ocio en soledad. O a elecciones previas a adquirir compromisos -por ejemplo: "todos los viernes debo visitar a mis padres"- que denotan una ausencia de flexibilidad. Por supuesto, si ya has quedado de antemano con otra persona, efectivamente tienes (o deberías) cumplir ese acuerdo. No porque sea una necesidad, sino porque implica la responsabilidad hacia otra persona.

Este tipo de mal uso del lenguaje es generalizado. Así, comentamos que alguien:
"Debería hacer [_cualquier cosa_]".
Cuando lo que en realidad estoy expresando es que deseo/quiero que algo suceda. Y de esta forma, transfiero la responsabilidad de conseguir el objetivo desde mi persona (quien realmente lo desea) a cualquier otro ente. ¡Qué maravilla! Pedir y pedir por esa boquita esperando que otres, quienes sean, se encarguen de alcanzar mis deseos.
La legitimidad de si el ente en cuestión es responsable también o no por alcanzar el objetivo no es lo relevante aquí. Sino como yo, al expresarme de esta manera, construyo en mi mente el imaginario de que yo no tengo responsabilidad alguna.

Ejemplo:
"El gobierno debería solucionar el problema de los refugiados".
Son claras las doscientas mil variaciones de esta frase, en las que gobierno se puede sustituir por un ministerio en concreto, alguna otra institución pública o funcionario que la represente; y el problema puede ser un sinfín de temas.

Por último, siendo todes adultes, no sé cómo no nos chirría decirle a un ser independiente que debe o tiene que hacer algo. Será un triste legado de la creencia generalizada de que los menores no son autónomes, y se puede tomar la gran mayoría de decisiones por elles. Así, mucha gente persiste -inclusive yo en ocasiones- en comunicar ideas sobre creencias, valores, opiniones de forma tan contundente como:
"Tienes que hacerlo así".
"Deberías hacer [_lo que yo creo que es mejor_]".
Muchas veces, cuando la otra persona ni siquiera está pidiendo consejo.
Creo que lo ideal es, en el caso de querer expresar la opinión propia o cuando efectivamente sí se está preguntando, comenzar por un: "Yo pienso" o "en ese caso lo que yo haría es...". 
¡Siempre puedes preguntar! "¿Quieres que te de mi opinión?" Mejor eso que hablar por hablar. 

Yo, hay veces, que oigo esos: "Pero mira, es que tienes que hacer esto y lo otro porque así te va a ir mejor". Y, además de entrarme por un oído y salirme por el otro, grabo en mi mente: "A este ya no le cuentes más tus problemas, que tiene afán de Superman".

Ea, me ha salido una mini-píldora feminista para terminar. Para que no os quedéis con las ganas.