16 de enero de 2020

Yo no soy tu líder activista

Algunas vivencias de este último año me han precipitado a decisiones que llevaba tiempo postergando. En resumen, he elegido alejarme de acciones activistas en contextos físicos para dedicarme -por el momento- exclusivamente al activismo virtual. Y, aunque la separación sea a veces compleja de ver, quiero enfocarme solamente en la educación en diversidad relacional en los espacios de talleres.



Un detalle curioso de este proceso ha sido, como siempre, comentarlo con compas del sector. Quienes llevan años liderando movimientos similares comprenden perfectamente mi frustración.

Por si acaso, antes de profundizar más, aclararé por milésima vez que el activismo va de proponer un "deber ser" contra-hegemónico. Una alternativa supuestamente mejor que la normativa. Mientras que la educación consiste en enseñar todo el abanico de opciones posibles, junto con las herramientas para tener criterios ante la elección. Y recordaré que el poliamor es, sin lugar a duda y tal como se vive en las comunidades de encuentro, un activismo voraz ante quien no acata la nueva religión. Hay principios muy concretos que guían cómo es mejor hacerlo / serlo (aunque cada persona tenga ideas diferentes sobre su significado).

Así, alucinando que igual alerto a alguien contra la inútil idea de intentar cambiar el mundo a través de las comunidades de base (o simplemente para desahogarme) trataré de explicar por qué no soy -ni quiero ser- tu puta líder activista:

Alguien una vez me dijo que yo, como líder de Poliamor Bogotá, estaba obligada a ser más responsable afectivamente, honesta y cualquier otro principio del caso que nadie más. De dar ejemplo. En ese momento me creí el cuento y cargué con la culpa de no ser la Persona Poliamorosa Perfecta ®. Creo que muches participantes de la comunidad ven a quienes organizamos los espacios como "seres iluminadus" que hacemos todo esto mejor.

Hay varios fallos con esta idea.
Primero, no existen criterios de selección más allá de querer y poder hacer activismo para estar a la cabeza de estos espacios. Las razones para dedicarnos al activismo pueden ser muy egoístas o completamente altruistas. Yo junto una mezcla de ambas, desde mi necesidad personal de contar con burbujas de inclusión, reconocimiento o aceptación de mi identidad hasta el deseo de proveer herramientas de gestión emocional para que otres sufran un poco menos. PERO hasta ahora no hay correlación entre las virtudes morales que asociamos al poliamor y el privilegio de disponer de tiempo o ganas para dedicarse a esto. Y doy fe que la brecha entre mi información y mi acción es inmensa. Muchas veces por mi propia incapacidad, tantas otras porque es necesaria la intención comunitaria para volverlo realidad.
El otro gran lío con esta idea es que jerarquiza. Si yo lo hago mejor por el simple hecho de hacerlo más frecuentemente, podemos empezar a creer que algo poseo para ese savoir faire asumido y esperado. ¿Conocimiento? ¿Criterio? De esta forma, independiente a mis virtudes o capacidades reales, tan solo por mi perrenque [léase energía y dedicación en España] se me otorgan potestades de decisión que quién sabe si correspondan.

No quiere decir lo anterior que no tenga buenas ideas, válidas, leídas, bien formadas y útiles para la toma de decisión. Mi obsesión con el poliamor ha alcanzado niveles patológicos. Los más de 500 artículos que hay en esta web están filtrados y escogidos por mí, entre muchos otros que leí y no seleccioné. A mi correo llegan alertas de Google News y T&F semanalmente. Es posible que sí sepa qué decisión tomar. Bajo mis criterios sobre lo que es mejor, claro está. ¡Qué responsabilidad!

El asunto con los criterios es que se forman sobre sistemas de principios completamente propios a cada individue. Lo que cada quien piensa que está bien o está mal. En mi última crisis existencial aprendí que mis valores eran completamente subjetivos y, por tanto, no eran moralmente superiores a los de nadie más. Mal que nos pese, hasta que no descubramos a Diosatodopoderosa ® y nos entregue los mandamientos de la vida, debemos aceptar la diversidad. Ni los principios del poliamor (honestidad, responsabilidad, consenso) son supremos. Ni hay prueba empírica de que la vida regida bajo ellos sea más larga, más saludable (¡ja!), ni mejor según ningún otro parámetro. Y, dado el caso de demostrarse que la experiencia poliamorosa fuera más algo, aun podríamos debatir si efectivamente ese algo es mejor para todes o en todos los casos.

Aceptado esto, si no te gusta lo que pienso, ancha es la Internet o el campo. Haz tu activismo en otro lado. Quienes os habéis quedado, entiendo que será porque coincidís con mi criterio y opinión sobre la decisión. Aunque yo, que conste CLARO Y ALTO, yo no os he pedido quedaros.

Entonces, valóralo.
Entiende el esfuerzo y tiempo que me ha costado aprender. Cuando hablo de poliamor no expreso simplemente mi opinión. Comparto este conocimiento, también, atravesado por la lente de mi experiencia. Comprende que yo no lo cuento, no viajo, converso, escribo y leo a diario sobre esto para que llegue el machx de turno a apropiárselo. Dame crédito cuando corresponda (esto vale para mí o cualquier otra fuente que emplees). No tengas el descaro de citarme en el mismo lugar que abrí para ti y decir que lo leíste por ahí. Esto me ha pasado. Son estas mierdas las que me impulsan a cobrar por los espacios.

A ver, ya lo sé, Casi todas las ideas son iteraciones de otras, más antiguas. Una de mis frustraciones actuales es ver que las feministas de los 70s habían descubierto ya todas estas utopías amorosas de las que hoy hablamos (la responsabilidad afectiva, deconstruir el amor romántico, desjerarquizar la pareja) y no les sirvió para nada. Sin embargo, a veces la mezcla concreta en la que se presentan las ideas es gracias a alguien. Yo le debo mucho a mis profes de sexología y a algunas mentes insanas por ahí. Es justo que las nombre siempre que pueda. Por ejemplo, esto de la explotación de las ideas y cómo es un rasgo más del consumismo al cual nos sometemos viene de @kmi.kc.

¿Quieres quedarte y, aun así, criticar? Asegurate de tener una buena propuesta y alternativa al plan. Intentando co-crear he comprometido cientos de veces lo que creía mejor, tratando de incluir las ideas de otres para construir horizontalidad. Claro que sí, también gracias a la imaginación ajena mis talleres han mejorado otras tantas ocasiones. PERO si te vas a quejar hasta por el color de las decoraciones cuando no has puesto ni un minuto ni un peso ($) en la actividad, tu opinión quizá guárdatela.
Lo mismo aplica para las brillantes ideas que nunca piensas ejecutarUna de las razones más frecuentes de bronca con mi ex era no estar de acuerdo en cuestiones de Poliamor Bogotá. En su esfuerzo por minar mi auto-estima insistía que, si yo no quería hacer las cosas como él proponía, era mala malísima por "desmotivar las iniciativas de la comunidad". ¿Qué buscas cuando propones ideas? ¿Dar a conocer lo brillante que eres por tenerlas? ¿Esperas que otre tome la iniciativa de tu plan? ¿Que te feliciten? ¿Estás pidiendo permiso? Eso no, porque muchas veces he aprobado propuestas y resultados no hay.

Tanto la crítica destructiva como la propuesta sin iniciativa jerarquizan la estructura organizativa. Obligan a que otre tome una decisión: solucionar, iniciar, crear, coordinar, por ti. Tan pronto dejas la decisión en mis manos, me das el poder sobre cómo y cuándo ejecutar. Si quieres que las cosas se hagan como tú las imaginas, hazlas. No logro entender por qué la gente piensa que esto significa atomizar, dividir o antagonizar. Cuando lo que implica realmente es LIDERAR procesos comunitarios en los que inspires a la gente a unirse a tu propuesta. Aceptando que no todo el mundo lo hará. Quizá hay demasiado miedo a fracasar. Puede que sea solo pereza. Muero por escuchar vuestras respuestas.

En fin. En los últimos 3 años he intentado, desde mis conocimientos disponibles, construir un equipo horizontal y multidisplinario que se apropiase de su lugar como referente para una comunidad de más de 8.000 personas. Seguramente más de una y de dos malas decisiones habré tomado. Concluyo con una comunidad satisfecha con seguirme como la figura de mando que no quise ser. Poliamor Bogotá no tenía autoría -ni rostro- para no crear falsa autoridad o verdad. Sin embargo, cuanta mayor apatía percibía, menos ganas de compartir mis ideas e iniciativas. Me siento orgullosa de mis propuestas y yo sí quiero probar suerte construyéndolas.

Como toda autoridad, he sufrido el consiguiente rechazo malcriado a la figura de poder de la cual se depende. Olvidando que es un espacio que ostento otorgado enteramente por la falta de motivación para accionar, por una carga mental que debía haberse compartido y por una responsabilidad de decisión que no me compete.

Así, decido que NO. Ya no quiero ser más la madre sobreprotectora a la que culpar.

Es absurdo predicar sobre desjerarquizar las relaciones afectivas cuando no somos capaces ni de distribuir tareas activistas equitativamente. Esperando que nos manden qué hacer, o nos recuerden nuestros compromisos, desde una lógica de poder y orden social vertical. No quiero jugar más.

25 de noviembre de 2019

Hoy muero de pena

Hoy estoy de luto. Lloro sangre. Me puede la tristeza.


Mi feminismo está en construcción, siento que no me pertenece esa palabra. Hay quienes saben más que yo, me abruma la riña continua de egos activistas.

Pocas marchas he acompañado, pero esta la camino con rabia. Si todavía me bloqueas, eliminas y rechazas es que no has entendido nada. No soy yo la mala. Por levantar la voz contra tus violencias. No soy yo el monstruo. Por hablar sobre tus golpes. No soy yo tirana. Por reclamar espacios seguros.

Si te vendas los ojos, me ignoras o miras para otro lado, jamás aprenderás nada.

10 de octubre de 2019

Espacios más seguros

Allyson Mitchell and Paul Campbell Installation, Granny Square Wreck Room, Gladstone Hotel (2005)

En el activismo mencionamos con frecuencia el término espacio seguro a modo de reclamo para que las personas se sientan tranquilas y cómodas en los talleres, charlas y conversatorios. Creo que es necesaria una discusión en profundidad sobre este concepto, cuyo significado a veces asumimos sin que exista verdadero consenso al respecto.

Este texto pretende hacer un análisis completo a la par que breve. Por ello se asumen en él una serie de asuntos que son tangenciales al tema en cuestión: el conocimiento del contexto sociocultural en el que nos encontramos, una idea básica sobre el feminismo, una comprensión de la diversidad de identidades de género y orientaciones sexuales, entre otros.


Me surgen las siguientes preguntas, que abordaré una por una:
  1. ¿Qué es un espacio seguro?
  2. ¿Por qué hacer de un espacio activista un espacio seguro?
  3. ¿Cómo se accede al espacio seguro?
  4. ¿Quién garantiza la seguridad en el espacio?
  5. ¿Qué acciones y herramientas tenemos para mantener la seguridad en los espacios?
  6. ¿Qué acciones hacen que un espacio deje de ser seguro?
  7. ¿Qué opciones tenemos para reconstruir el espacio seguro?

1. ¿Qué es un espacio seguro?

Wikipedia tiene un breve artículo en inglés que concuerda con mi pensamiento. Los espacios seguros se crean con la intención de proveer entornos libres de juicios de valor a comunidades víctima de discriminación en la sociedad general. Por tanto, es fundamental distinguir entre un espacio seguro y un espacio libre de juicios de valor. El espacio seguro no es una terapia humanista, donde toda afirmación será recibida positivamente. El espacio seguro está pensado para proteger contra acciones, comentarios, opiniones e ideas que puedan potencialmente erosionar los derechos de un grupo minorizado. Es un espacio de acción afirmativa en el cual se priorizan las voces de aquellas personas que son ridiculizadas, cuestionadas y silenciadas en otros entornos.

Los espacios seguros nacen de aceptar y reconocer que los entornos normativos son insuficientes e inadecuados para atender las necesidades (sociales, legales, administrativas) de las personas minorizadas sin incurrir en revictimización.

En todo el texto empleo el término espacio seguro por brevedad, pese a entender que no existen como tal lugares 100% seguros, pues cargamos allá donde vamos todas nuestras creencias. La expresión empleada en el activismo para denominar estos espacios es, con frecuencia, más seguros.

En el poliamor es complicado crear un espacio seguro pues hablamos de una identidad atravesada por multitud de intersecciones (de raza, de género, de orientación sexual). Pero, ¿es imposible?

2. ¿Por qué hacer de un espacio activista un espacio seguro?

Sencillamente, para no tener que mantener los mismos debates de base una y otra vez cuando tratamos de elaborar en profundidad. Para no perder tiempo valioso de descubrimiento sobre la temática durante la charla, taller o conversatorio haciendo pedagogía. Porque ya conocemos el punto de vista del lado de la opresión y hemos escuchado los argumentos cientos de veces en boca de familiares, amigus, polítiques, revistas y guiones de película. 

Elaborando más, porque si el activismo existe como propuesta contra-hegemónica al del "deber ser", tiene una obligación moral en rechazar la normatividad impuesta. Como acción política.

Ya he dicho varias veces que el poliamor es activista, nos guste o no. Al menos en los espacios públicos de encuentro. Son precisamente las intersecciones que atraviesan a les participantes las que nos obligan a posicionarnos.  ¿Te imaginas un poliamor homófobo? ¡No! Dirás, el poliamor es cuir-inclusivo. ¿Puede haber un poliamor sexista? ¡Jamás, el poliamor es feminista o no es poliamor! Cuantas más intersecciones le añadimos, más difícil resulta sostener el argumento de que el poliamor es tan solo una práctica privada. En un mundo donde la norma sigue siendo la opresión cisheterosexista, un poliamor feminista y cuir inclusivo es activista. Y debe ofrecer, en sus espacios de reunión pública, seguridad para estas y otras intersecciones.

3. ¿Cómo se accede al espacio seguro?

Esencialmente, estar en un espacio seguro debería ser entendido como un privilegio otorgado por dos razones: la pertenencia a la comunidad discriminada y el compromiso a mantener seguro el espacio.

En ningún caso es un derecho universal e inalienable de les individues. Sino un privilegio condicional. ¿Condicional a qué y por qué? Depende enteramente del objetivo activista en cuestión. La opresión contra la que se desee proteger a la comunidad determinará las acciones que condicionan el acceso (más sobre esto en el punto 6). Y condicional porque, obviamente, sería mucho más complicado garantizar la seguridad del espacio sin vetar de él a quien no lo cuida.

Si no creen que el poliamor sea una identidad discriminada, echen un ojo a esto.

4. ¿Quién garantiza la seguridad de los espacios?

Aquí, contundentemente mi respuesta es todas las personas que participan de ellos. Tenemos una tendencia a la pereza, al individualismo, al egoísmo y a la difusión de la responsabilidad cuando nos encontramos en colectividad. Si todes disfrutamos del espacio, todes lo cuidamos. Sencillo.

Admito que los roles pueden ser diferentes. De nuevo, en este artículo explico las responsabilidades de los distintos perfiles en el activismo. La responsabilidad está íntimamente ligada a la seguridad. No puede haber espacios seguros si nadie se compromete a cuidarlos.

Les organizadores, voluntaries y referentes activistas por un lado y las personas participantes en las actividades, los espacios físicos y virtuales por otro son quienes deben garantizar la seguridad de los espacios.

Me parece fundamental entender que la responsabilidad colectiva es una extensión de la responsabilidad individual, no su opuesta. No se trata de elegir la autonomía frente a la subordinación. Sino de pensar, ¿cuáles son mis objetivos de seguridad? Si son los mismos que los de la comunidad, colaboraré para cumplirlos. Si no, quizá debería replantear mi pertenencia a ese grupo.

5. ¿Qué acciones y herramientas tenemos para mantener la seguridad en los espacios?

Este artículo de un compañero de Poliamor Madrid explica algunas de ellas, voy a enumerar esas junto con algunas otras de las acciones y herramientas disponibles a espacios activistas de cualquier temática.

Les organizadores, voluntaries y personas referentes del activismo pueden -en nombre de la organización colectiva que representan:
  • Crear y actualizar códigos de conducta, normas o principios rectores.
  • Llenar los espacios con gente de confianza, segregar por identidad (raza, orientación sexual o identidad de género), privatizar los espacios.
  • Realizar dinámicas grupales, talleres y charlas sobre seguridad en los espacios.
  • Modelar con el ejemplo.
  • Explicitar las necesidades de cuidado del espacio.
  • Delimitar las capacidades de la organización para proveer un espacio seguro (expresar lo que la organización no puede hacer).
  • Proveer rutas de atención, denuncia o acompañamiento claras e inclusivas* cuando el espacio ha dejado de ser seguro para alguien.
*Inclusivo, al igual que seguro, es un adjetivo que se refiere a la acción afirmativa en beneficio de grupos minorizados discriminados. No a favor de absolutamente todes, ya que eso generalmente beneficia a las identidades opresoras debido a prejuicios sistémicos.

Les participantes de los espacios, ya sean físicos o virtuales, pueden:
  • Conocer sus límites personales de seguridad.
  • Expresar cuando esos límites se han traspasado.
  • Aprender sobre el tema y las opresiones que lo atraviesan.
  • Saber sobre los códigos de conducta, normas o principios rectores del espacio.
  • Informar si se incumplen los códigos de conducta, normas o principios rectores.
  • Preguntar si creen que se traspasan los límites de seguridad de alguien más.
  • Buscar rutas de atención, denuncia o acompañamiento para restablecer el espacio seguro.

6. ¿Qué acciones hacen que un espacio deje de ser seguro?

Antes de escribir este artículo he leído sobre las políticas de espacios seguros en Nueva York, Londres, y Madrid. He consultado con personas que lideran comunidades poliamor en Paris. También he encontrado un maravilloso texto de Berlín al respecto. Pese a tener fines activistas ligeramente diferentes (en unos casos, ofrecer talleres sexo-positivos donde explorar la práctica erótica; en otros proveer entornos libres de prejuicio a la comunidad poliamor en los que dialogar sobre la vivencia en relaciones no exclusivas), afirmaré que las comunidades activistas encuentran la ruptura del espacio seguro en un mismo lugar

Un espacio deja de ser seguro cuando se traspasan los límites de una o varias de las persona que hacen parte de él sin su consentimiento, especialmente si son límites relacionados con los objetivos colectivos de seguridad. Vamos poco a poco.
  • Se transgreden los límites de alguien. Una o varias personas, desde su experiencia subjetiva -porque no puede ser de otra forma- reconocen y comunican que los límites respecto a sus necesidades de seguridad se han cruzado.
    Por ejemplo: Yo necesito estar en un espacio libre de sexismo para hablar abiertamente de poliamor y alguien ha hecho un comentario machista. Expreso esto al grupo.
  • Se desconoce, ignora o viola su consentimiento. Esto puede parecer redundante, pero no lo es. Mucho menos en comunidades que juegan con actividades y temáticas no normativas.
    Por ejemplo: Yo necesito estar en un espacio que me garantice privacidad o discreción sobre mi orientación relacional. Si alguien toma una fotografía en la que aparece mi rostro sin preguntar, tal vez lo haga por desconocimiento de mi límite. Si se han hecho públicas unas normas sobre no tomar fotografías, está actuando de manera ignorante al "hacer como que no se entera". Más, si pido claramente que no me saque en su foto y aun así lo hace, está violando mi consentimiento.
  • El límite que se transgrede está relacionado con los objetivos comunitarios. Los espacios seguros se crean con el objetivo de proteger a uno o varios grupos contra las opresiones sistémicas del entorno. Por tanto, es razonable que no se atiendan igual todos los límites cruzados.
    Por ejemplo: Si en un grupo poliamor se traspasa el límite de seguridad de una persona respecto a su propiedad privada (un robo de celular), es posible que se realicen algunas acciones y se cuestione la confianza en la comunidad. Sin embargo, no se iniciarán rutas de acción.

Sobre la temporalidad y el lugar de la acción

Las comunidades activistas suelen considerar como acciones que infringen el espacio seguro aquellas que suceden primordialmente durante las actividades y en los espacios -físicos o virtuales- compartidos por la comunidad.

Sin embargo, varias comunidades activistas mezclan el trabajo por la causa con las relaciones afectivas (BDSM, poliamor). Por ello, resulta cada vez más urgente valorar la necesidad de evaluar colectivamente los comportamientos y acciones de les individues que participan con regularidad en los espacios seguros; aunque se ejerzan fuera de ellos.

Por ejemplo: Yo soy amiga de una persona negra, quien me invita a compartir talleres sobre la salud mental afro. Yo le acompaño y acato las normas perfectamente; pero una tarde hablando del tema me salen los prejuicios y, siendo neuroatípica también, realizo comentarios racistas -de los que, quién sabe, ni me doy cuenta porque no es mi opresión. ¿Tiene que continuar compartiendo conmigo ese espacio cuando mi presencia lo vulnera? No. Un espacio seguro diseñado para varias opresiones que interseccionan buscará proteger el mayor número posible de ellas.

Hemos visto, además, demasiados casos en los que se emplean los espacios activistas y supuestamente seguros como cotos de caza para atrapar personas a las violentar límites en la intimidad. La dinámica intrínseca de algunos tipos de opresión sistémica (como la violencia de género) hace que sea imprescindible trascender las barreras de lo público si queremos construir comunidades verdaderamente seguras para quienes participan regularmente.

7. ¿Qué opciones tenemos para reconstruir el espacio seguro?

De todos los textos mencionados arriba, se pueden extrapolar algunas ideas. Primero, aclarar que aquí estamos hablando de teorías de la justicia. En términos muy simples, qué le corresponde a quién para que la sociedad sea justa. El objetivo del espacio seguro es crear condiciones más justas que las habituales. Nuestra reflexión a la hora de reconstruir un espacio seguro girará entonces en torno a cómo devolver ese equilibrio que se ha perdido mediante las acciones ya comentadas.

Desde un enfoque restaurativo o reparador hasta una visión correctiva e incluso retributiva, las opciones para reconstruir el espacio seguro son las siguientes:
  • Mediación entre las partes por un comité imparcial, compuesto por integrantes de la organización o -si es necesario debido a un conflicto de intereses- por un ente externo.
  • Ofrecimiento de perdón, disculpas (verbalmente o por escrito).
  • Aceptación de responsabilidad.
  • Compromiso de no repetición.
  • Garantía de realizar acciones formativas o terapéuticas relacionadas con el límite transgredido.
  • Acceso a información sobre la presencia en los espacios de la persona que ha transgredido el límite, para la persona que ha sufrido el daño y para la comunidad.
  • Talleres, charlas y conversatorios sobre seguridad para la comunidad.
  • Vetos al espacio: específicos (para actividades o roles concretos), temporales, indefinidos (hasta la petición de revisión por parte de la persona vetada).

En conclusión...

Todos estos conceptos se podrían desarrollar muchísimo más. Este escrito pretende ser un resumen y punto de referencia de las ideas que manejan actualmente las comunidades activistas poliamor y sexo-positivas sobre los espacios seguros. La tradición oral y las barreras del idioma a veces nos hacen perder de vista lo rica que es nuestra experiencia en soluciones para problemas, lamentablemente, más comunes de lo que nos gustaría.

La búsqueda de un balance entre límites y necesidades personales, colectivas y la expresión del deseo y la autonomía puede parecer compleja. Pero realmente no lo es. Hay líneas rojas muy claras y fáciles de identificar en lo que respecta a raza, capacidad, género o diversidad sexual que no se deben cruzar en el activismo. No caigamos en la pereza de no hacer nada porque es difícil encontrar el camino correcto.

Gracias a todas las personas que me orientaron en la búsqueda de información.

19 de septiembre de 2019

Golfa


La canción de Extremoduro con ese nombre fue mi himno de juventud y juerga (farra). Antes que poliamorosa fui ninfómana y puta.

Me han dicho que yo no era bi, sino viciosa y me lo he tomado a mucha honra.

La letra escarlata la he llevado como una capa.

Porque las mujeres en lo que respecta a nuestro deseo erótico podemos ser santas, dejarnos someter por la culpa y ser estigmatizadas, o empoderarnos y defender el puterío a capa y espada. Utilizando la cosificación de nuestros cuerpos para nuestro beneficio.
No hay punto medio.

Y una vez allí, en el rol de guarra, tampoco hay posibilidad de marcar límites sobre nuestros cuerpos. Porque, ¡qué confusión! ¿Acaso no eras tú la mujer liberada y abierta a todas las propuestas?

¿No eras la rockera a la que le gustaba el exibicionismo, los azotes y mordiscos?

Sí, pero cuando yo digo.

¿Cómo? ¿Que no puedo poseerte como el objeto de deseo que he creado de ti en mi imaginación?

No.

Pues qué mala. Mala poliamorosa. Estás abusando de tu poder. Retaliando. Estarás celosa. Eso es.

Mierda, ¿por qué me siento culpable? Yo creo saber lo que quiero, mis límites en cada momento. Pero en mi identidad de golfa se ha integrado el deseo de complacer como forma de satisfacerme. ¡Vaya lío! Cuando la zorra tiene como narrativa la sumisión y la autonomía al tiempo... ¿Qué hago ahora con mi sexualidad?

Sigue siendo como una muñequita que dice a todo que sí.

¿Y si no? Porque no estoy segura que eso fuera nunca así...

Nunca conciliarás tu necesidad y tu deseo.

6 de septiembre de 2019

Mi padre y tú



Sólo dos personas en mi vida me han hecho tanto daño. Mi padre y tú.

Nunca creí que fuese a hablar de esto. Me he negado que hubiera nada que decir. Es innombrable, no merece un aliento. ¿Cómo se llama tu padre? ¡No sé ni cómo se llama! "Bromeaste" más de una vez sin realmente abrirme un espacio para responder, pese a que te lo había dicho varias veces.

Y ese día, con el punki de asilo, que dijo no tener padre ni falta que ha hecho, el relato tomó sentido. No quise hablar de ti en una primera cita. Pero sí de él. Por primera vez, explicando mi experiencia de consumo, cuando me preguntó: pero, ¿por algo sería? no quise culparme a mí. A la luz de todos esos nuevos conceptos sistémicos, el after-glow de la película mid-90s y las reflexiones sobre el impacto traumático de un abuso emocional del que no acabo de salir todavía, mi narrativa de siempre perdió todo el sentido. Es que yo a los 11 años desarrollé un trastorno alimenticio, a los 13 empecé a tragar anfetas para adelgazar y cuando ya estaba teniendo convulsiones en el suelo de las sobredosis y la malnutrición, el insomnio y la ansiedad degeneraron en consumo de otras sustancias y con suerte sigo viva. 

No.

Es que mi padre abusaba emocionalmente de mí y de mi madre, crecí en la inseguridad de un hogar en permanente conflicto, entre sus gritos y llantos. Las veces que intenté defender a mi madre y a otras personas de su violencia verbal, mi padre me agredió físicamente.

¿Por qué, si entiendo claramente que el niño de la película -o los niños que atendía Quibdó- no son responsables de su situación, me he culpado a mí misma siempre? ¿Por qué, si está claro que un niño o niña de 10 años "diagnosticado" con depresión, ansiedad, ADHD, o cualquier otro supuesto trastorno sólo está somatizando las crisis de su entorno relacional, yo nunca miré qué pasaba fuera? ¿Por qué nadie, en 10 años de terapia, me ha ayudado a ver esto?

Vivimos en un mundo individualista de mierda donde es más fácil darle a alguien pastillas que encontrar una solución colectiva. Los hechos son que antes de mi primera pastilla para adelgazar mi padre me había repetido con frecuencia (desde los 8 años por lo menos) que si no hacía ejercicio me saldría barriga como a él, un señor de 40 con una panza inmensa y obsesionado por hacer dietas y ayunos.
Inseguridad, ergo, maltrato.
Lo decía en ese tono de "broma" que no tiene en cuenta ni el contexto patriarcal en que existo como mujer, bombardeada por mensajes sobre cómo debía verme para complacer; ni el efecto inmenso que genera la opinión de un ser querido sobre la auto-estima. Mira, tú.

La primera paliza fue a los 14 años. Nunca me sentí una víctima de mi padre, porque enseguida marqué límites a nuestra relación. Si me vuelves a hacer daño, te mato. Tras la segunda paliza, dos semanas después, no le volví a dirigir la palabra en dos años.

La última vez que me puso la mano encima hace apenas 6 años. Yo ya tenía 22 y aun así su mano en mi cuello y el grito de ¡te voy a matar aquí mismo! me convenció que lo haría. Las veces que, desesperado, ha hecho amagos de estrellarnos a mi madre y a mí yendo en coche por la carretera no las puedo ni contar. La última, entre gritos y llantos, resistiéndose a dejar ir los despojos materiales de nuestra familia fue en el 2016. Ese día, además, casi pega a mi madre con una mesa y tuve que amenazarle con llamar a la policía.

Pero mi padre también me cuida. Se esfuerza por complacerme atendiendo mis necesidades materiales. Solía insistir que recordase cómo nuestra relación también fue buena, cuando jugábamos en mi infancia o hicimos algún viaje. Cubre con cariño las necesidades materiales que explicito, y cada vez aprende mejor a escucharlas en lugar de hacer lo que él cree que prefiero. ¿Quién nos ha metido en la cabeza que el maltrato es feo y malo todo el tiempo? Las etapas de cuidados pueden durar meses entre episodios violentos. ¿Quién os ha dicho que vais a ver algo más que el lado lindo de una relación si no estáis dentro?

Mi padre dice que me tiene miedo y que le duele mi distancia. Que no sabe cómo comportarse conmigo para hacer las cosas bien y sin que me enfade. Que le asustan mis gritos y no puede tolerar el daño que le hacen. ¿Te suena? Mi padre y tú os parecéis. Menuda comedia freudiana.
Mismo discurso, menos educación, otra generación.

No más. Basta ya.

No hay aquí juez ni verdugo. Solo heridas muy profundas que sanar. Creo que esto me trasciende y va más allá de ti y de mi padre. Por eso, lo intento y me desbordo al callar. Ni quiero ni puedo sola.
¿Activismos, dónde estáis?